¡¡Cazadores de Sombras: Ciudad de ángeles caídos!! *¬*

viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 73 (D)

Cuando caí del Portal, lo hice de pie, pero de repente algo impactó contra mi espalda, haciéndome caer de bruces contra el suelo.
Entonces, en una milésima de segundo, deduje que quizá sería Elisa. Conociéndola.
Mientras me reincorporaba, rezaba porque no fuera ella.
Maldita suerte.
Era ella.
Apreté con fuerza la mandíbula. Cuando se levantó, y alzó despacio la mirada para verme, se estremeció, y me sonrió débilmente.
-Je, al final… al final vine… -dijo.
-¡¡Elisa!! ¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿Yo qué te dije????!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡Que no vinieras!!!!!! Te juro que como te pase algo…
-Damen… lo siento, de verdad, pero es que no te puedes imaginar lo que sentí cuando te vi marcharte y pensar que quizá… yo que sé… que no volvieras o… o algo peor… Yo… -empezó a sollozar.
Suspiré, y la abracé.
-Bueno, venga, tranquila… Pero de verdad que no gano en disgustos. Tú siempre haciéndome sufrir…
-¿Quién ha dicho que el amor es sólo cosas bonitas? También tiene lados malos, y el sufrimiento es uno de ellos.
-Lo sé. Vale, ven, pero ni se te ocurra separarte de mí.
-Bien.
-Te lo vuelvo a repetir, Elisa. No. Te. Separes. De. Mí.
-¡Vale, entendido! Si es que en realidad vine aquí porque quería que estuviésemos juntos.
Sonreí. Me encantaba cuando decía esas cosas.
Entonces oímos un débil grito, y cuando miré al cielo, algo cayó sobre mí, otra vez. Pero conseguí cogerlo en brazos sin caerme.
Kira.
Nos miró a Elisa y a mí alternativamente, se encogió de hombros y se revolvió para que la dejara en el suelo.
-No pensaba dejaros ir sin mí.
Apreté los dientes, y me pellizqué el puente de la nariz mientras cerraba los ojos.
-¿Y Penny? –preguntó Elisa.
-Hum… con Yin Yang… creo…
Abrí los ojos, y hundí los hombros. Ahora ya estaba hecho. Intentaría no enfadarme con ninguna…
Los tres nos volvimos y examinamos el paisaje. Habíamos aterrizado en el año 1860, en una ciudad… Pero no sabía cuál. En realidad no había pensado en ninguna, así que no sé cómo habíamos llegado hasta aquí. La gente que pasaba se volteaba para vernos, quizá por nuestra ropa… poco actual dónde estábamos.
Entonces nos dimos la vuelta y la vimos con la boca abierta: la catedral de Notre Dame.
-Hostia –solté sin querer.
Elisa me miró.
-¿Esa es…?
-Esa es, sí. Estamos en París. Lo que no entiendo es por qué. Quizá…
Por intuición, quizá, llevé la mano al bolsillo de mi pantalón, y saqué la carta que había encontrado en el buzón. La invitación, y que decía que fuera a París.
Ahora lo entendía.
-Hum.
-Es aterrador –comentó Kira.
-Sí, y me parece que le haremos una visita.
-Eh… ¿sabes la leyenda del jorobado de Notre Dame? –preguntó Elisa. Asentí sonriente-. Bueno, pues… ¿no crees que a lo mejor… bueno, exista?
-¿Entonces a qué crees que le vamos a dar una visita?
Elisa empezó a temblar.
-Damen, ¿no podríamos esperar al verano? ¡O a que sea de día simplemente! Tío, que no te pido mucho.
Me reí, y miré al cielo. Era verdad: estábamos en pleno invierno, viendo el ambiente y la temperatura, y en el cielo sólo había nubes y un pequeño resquicio de la luz de la luna.
-Venga, vamos, no hay mucho tiempo.
-Damen…
-Pues no hubieras venido –contesté de forma brusca.
Elisa me miró con arrepentimiento en los ojos, y puso una mano en su brazo, mirando al suelo. Kira miró a un escaparate, un tanto incómoda. Suspiré.
-Lo siento, pero de verdad que me cabreaste, Elisa. Te dije que no vinieras porque de verdad temía que te pasara algo, y te la resbaló. No me hiciste ni puñetero caso, y viniste por propia voluntad y en contra de la mía, aún sabiendo que me enfadarías. Y ahora quieres volver a casa sabiendo que no puedes.
-¡¡No!! –me abrazó con fuerza.
Confundido, le devolví el abrazo.
-¿Qué…?
-Damen, no quiero irme a casa sin ti. Yo me quedo aquí, contigo. Es sólo que… -suspiró-. Da igual. Vamos.
-Primero de todo tenemos que preguntar dónde vive el rubio. El que mató a… -se me crispó la voz.
Elisa me besó brevemente, y yo suspiré bastante aliviado por su cariño. Sinceramente no sé qué haría sin ella.
-Gracias –dije.
Sonrió.
-Vamos a preguntar a la gente.
Asentí. Elisa cogió la mano de Kira y paramos a un hombre con un niño pequeño. Obviamente iban vestidos con ropa de esa época.
-Hum, perdone, ¿sabe quién es, por casualidad… hum…? –Elisa me miró, y luego a mi mano. Cogió la invitación y me enseñó el nombre que aparecía en él-. ¿Lord Keiran?
El hombre me miró con ojos aterrados.
-¿Lord Keiran? Me suena, pero de todos modos podéis preguntarle a… -señaló la catedral con un dedo tembloroso-. Pero tenga cuidado, dicen que no es un hombre, sino un demonio…
-No se preocupe. Digamos que se me da bien tratar… con demonios –sonreí mientras me cruzaba de brazos.
Elisa tragó saliva sonoramente. El niño que acompañaba al hombre no le quitaba ojo a Kira. Ésta miraba fascinada la catedral, ignorándole.
-Los que le preguntan… se los come vivos o si les cae bien, por así decirlo, se lo dice, pero luego los tira de una de las torres.
-Entiendo –dije asintiendo-. Muchas gracias.
-Tengan cuidado.
-Lo tendremos.
Cuando el hombre y su hijo se fueron, me volví hacia Kira.
-Quédate aquí.
-¿Por qué?
-Eres muy pequeña para venir a la catedral.
-Sé cuidarme sola, Damen. Sabes perfectamente que aunque los aparente, no tengo siete años.
-Kira, no seas cabezota tú también. Espéranos en la entrada.
Suspiró, y derrotada, asintió. Cogí a Elisa de la mano y nos volvimos hacia Notre
Dame.
-¿Estás preparada? –le pregunté.
-Bueno… Nunca lo estaré, así que vamos.

lunes, 24 de enero de 2011

Capítulo 72 (E)

Aparecimos al principio de una colina, dónde, en la cima, había un castillo del siglo XV, más o menos. Damen condujo por el camino que llevaba hasta allí, y aparcó justo en la entrada.
Salimos del coche, y cuando miré hacia una esquina de una de las torres, juraría haber visto un fantasma. Con la piel de gallina, sacudí la cabeza y me arrimé más a Damen. En los alrededores había jóvenes de entre doce y dieciocho años sentados en el césped con uniformes, hablando en grupos o demás, pero se nos habían quedado mirando.
Damen petó en la enorme puerta. Un hombre vestido con una chaqueta larga hasta los tobillos abrió. Alzó las cejas al reconocerle.
-Oh, vaya, usted… -balbuceó.
-Sí, sí, ahora déjame pasar.
Damen le apartó de su camino y pasó sin permiso. Recorrimos varios pasillos hasta llegar a una puerta. La abrió sin petar ni nada, y dentro había un hombre detrás de un escritorio. Alzó la mirada, y nos vio. Se levantó de repente.
-¿Qué…? ¿Qué hace usted aquí? –dijo.
-Estoy buscando al ángel del tiempo. ¿Dónde está? Escuché que le habíais arrastrado hasta aquí…
-Ahora mismo no puede…
Pero Damen le ignoró, y al darse media vuelta se encontró con un chico más o menos de su edad y altura, de pelo negro y guapo. Se cruzó de brazos.
-¿Quién eres tú? –dijo.
-Tu peor pesadilla si te interpones en mi camino –le contestó Damen.
-¿Cómo te atreves a hablarme así?
-¡Jack, por favor, no hagas nada! –le gritó el hombre de antes desde dentro del despacho.
Salió, intentando separar a Damen y a ese tal Jack.
-¿Te llamas Jack? ¡Estupendo! Se nota que este va a ser mi día favorito –dijo Damen con ironía.
El chico bajó su mirada hasta Kira, y abrió mucho los ojos.
-¡Un momento! ¿Ella es…?
Kira se colocó detrás de mí, y Damen se interpuso entre Jack y nosotras.
-La tocas y estás muerto. ¿Dónde está el ángel del tiempo?
-¿Crees que te lo voy a decir? Conozco a los de tu especie. Os creéis que sois unos protectores de primera, pero los guardias estábamos antes.
-Mira, chaval. Eso a mí me importa una mierda, ¿te queda claro? ¡¡Dónde está!! ¡Tengo que salvar a una persona muy importante para mí, así que dímelo!
El tal Jack seguía callado. Damen, al ver que no hacía nada, suspiró con fuerza y le apartó de un empujón. Le seguimos, subiendo unas escaleras de caracol hasta llegar a un pasillo con varias puertas, y Damen fue petando una a una con fuerza. Los alumnos que había dentro fueron saliendo a medida que pasábamos.
-¡Estate quieto! –gritó Jack corriendo, y se colocó delante de nosotros.
-Hey, ¿qué pasa aquí? –dijo una voz femenina.
Detrás de Jack apareció una chica de pelo rojizo y unos ojos muy extraños, con el iris tan plateado como el pelo de Damen.
Jack se puso delante de ella.
-Ni os acerquéis –murmuró.
-¿Tú eres el ángel del tiempo? –preguntó Damen.
-Sí, ésa soy yo. ¿Por qué?
-Necesito tu ayuda. Por favor.
La chica apartó a Jack a un lado con suavidad, y se acercó a Damen. Se cruzó de brazos, le examinó, y sonrió.
-Hum, eres muy guapo, así que te ayudaré. ¿Qué necesitas?
-Que me lleves al pasado.
La chica parpadeó.
-Al pasado –Damen asintió-. Hum… ¿y se puede saber el por qué?
-Por venganza.
-Hum, me gusta. La venganza. ¿Por qué no? Te ayudaré. ¿Y cuando quieres que te traiga?
-Dentro de unos días. ¿Podrás?
-¡Por supuesto! Soy imparable.
Sonreí. La chica me miró, y también sonrió. Luego miró a Kira.
-¡Vaya! ¡Una de las mías! Hola, bonita.
Kira tenía los labios apretados y se aferraba con fuerza a mi pierna.
-Veo que es tímida. Bueno, venga, vamos.
-Pero Alex… -dijo Jack.
-Venga, hombre, siempre tan pesado. No le hagáis ni caso. Vamos.
Todos salimos afuera. Los alumnos ya habían entrado en el colegio, por lo que sólo estábamos nosotros afuera.
En la pared de una de las torres del castillo, Alex posó su mano. De repente, un Portal diferente al que hacía Damen, de color azul eléctrico, apareció en ella. Cuando terminó, se apartó de ella, y miró a Damen.
-Bueno, ahí lo está. Dentro de cinco días justos, aparecerá un Portal como este en la ciudad que estés. Entonces apareceré yo y te llevo, ¡y listo! ¿No es difícil, verdad?
-No.
-Hum, para ir a la época que quieras, es como un Portal normal, piensa el año o siglo, nada más. Y el lugar, claro.
Damen asintió, y se volvió hacia mí.
-Elisa, espérame. Penny –la miró-, cuida muy bien de Kira y Elisa, ¿de acuerdo? Es una orden.
Penny asintió emocionada.
-¡Sí, señor!
-Kira, pórtate bien.
Kira asintió. Damen se acercó a mí, me besó y se volvió hacia el Portal.
Mi corazón empezó a latir frenéticamente. Temía que no volvería a verle. No quería separarme de él.
Cuando entró en el Portal, éste se estaba cerrando lentamente, y yo, por un impulso que no pude explicar muy bien, corrí hacia él y entré justo antes de cerrarse.
El problema es que juraría que mientras corría algo se agarraba a mí…

domingo, 16 de enero de 2011

Capítulo 71 (K)---(E)

(K)Yo apenas entendía nada. Había visto a Damen llorar. A Damen, y eso era algo traumático. Increíble, quizá.
Al llegar a una casa, éste petó en la puerta. Nos abrió la anciana del otro día. La tal Adalia. Al vernos todos juntos se sorprendió un poco, pero parecía que sabía por qué estábamos allí, a diferencia de mí, claro.
Entramos, y en el salón, Damen le soltó:
-¡Tú lo sabías! ¡Por eso fue en realidad por lo que viniste el otro día, porque me lo querías decir, pero no lo hiciste! ¡¿Por qué coño no lo hiciste?!
-¡Damen, tranquilízate! –le dijo Elisa poniendo una mano en su brazo.
Éste se relajó un poco, pero seguía fulminando con la mirada a Adalia, que tenía los hombros hundidos.
-Sí, es verdad. Lo vi en la baraja de cartas, pero Damen, es mejor que lo hubieras descubierto tú ahora que te lo hubiera dicho hace tiempo.
-¡¡Adalia!! –gritó él, y la chica llamada Penny dio un respingo.
-Tranquilo. Y sé por qué has venido. Puedo ayudarte.
-Y cómo…
-Escucha. Ese engendro vive aquí desde hace siglos. Si, por un casual, pudieras acabar con él en el pasado, entonces nada de esto habrá ocurrido.
Por intuición, Damen abrazó a Elisa.
-No me refiero a que nunca hubieras conocido a Elisa. Me refiero a los asesinatos.
-¿Pretendes que vaya al pasado? ¡¿Y cómo quieres que haga eso?! Sé que soy perfecto, pero algo así… -la voz se le fue apagando a medida que hablaba. Ya ni se esforzaba por parecer sarcástico.
-¿Sabes quién es la hija de Lucifer, Damen? El único ángel-demonio que es más rápida que el tiempo.
-Hum. Sí, la conozco. Bueno, oí, claro, hablar de ella.
-Puede llevarte, y al cabo de unos días, traerte.
-Ya… pero está ingresada en el internado ese… Moonlight, ¿no? ¿Y dónde porras sé yo dónde está eso?
-Yo lo sé –dijo Penny.
Todos la miramos.
-¿En serio? –asintió.
-Antes de ser un ángel Dominio, era un ángel normal y corriente. Me obligaron a asistir. Creo que mi amiga Vicky todavía sigue allí.
-Perfecto. Tú me llevarás.
-Nos llevará –corrigió Elisa cruzándose de brazos.
Damen la miró.
-No. Tú te vas a quedar aquí.
-Damen, voy a ir contigo quieras o no.
-Te ataré a una silla y me sentaré encima si hace falta hasta que se te vaya esa estúpida idea de la cabeza.
-Me da igual lo que digas. Yo voy contigo.
-Te he dicho que no.
-¡Sí!
-¡No!
-¡Damen!
-¡Que no! ¡¿Y si te llega a pasar algo?! ¡No! No lo soportaría. Perdí a Jack. Si te perdiera a ti también ya… yo no podría… Mi vida no tendría ningún sentido. Así que por favor, Elisa.
-¡¿Y crees que a mí no me pasa lo mismo?! ¿Qué haría yo si a ti te pasara algo? ¡Quiero hacer todo lo posible también para salvar a Jack!
-Te he dicho que no, y es que no. Fin de la historia.
Odiaba ver cómo los mayores discutían. Así que me tapé los oídos. Elisa me vio y se acercó a mí.
-¿Kira, estás bien?
-Quiero que dejéis de discutir… -sollocé.
Ambos apretaron los labios mientras se miraban, y Elisa me cogió en brazos. Adalia suspiró, y Penny me miraba.
-Venga, hay mucho que hacer –dijo la anciana-. Será mejor que os vayáis ya.
Todos asentimos.
Volvimos a casa en el elegante coche de Damen.

(E)Al entrar en el piso, dejamos a Penny y a Kira en el salón, y me fui a la habitación con Damen. Éste empezó a buscar por todos los cajones sus armas. Se quitó la ropa que llevaba y se puso un traje negro de pantalones y chaqueta de cuero negro, y la blusa. Luego, en los bolsillos, todas las armas que pudo llevar escondidas dentro.
Vale, debía de reconocer que estaba increíblemente sexy con eso puesto, pero me preocupaba muchísimo que le pasara algo.
-Damen, no estoy segura… Déjame ir contigo…
-Te he dicho que no –replicó sin mirarme siquiera.
-¡¿Y si te pasa algo?! No lo soportaría…
Dejó de intentar meter una pistola plateada en un bolsillo, tirándola encima de la cama, y me miró. Se acercó y cogió mi rostro entre sus manos.
-Amor, te prometo que no me pasará nada. Pero tengo que intentarlo al menos.
-Pero yo puedo ayudarte…
Me calló con un beso. Luego apoyó su frente en la mía.
-Por favor, déjalo estar. Venga, cuánto antes me vaya, antes estaré aquí.
Me besó otra vez, cogió la pistola plateada y salimos de la habitación. Se la guardó, e indicó a Penny que se levantara.
-Al menos déjame ir hasta allí contigo…
Me miró ya en la puerta. Apretó los labios. Intenté poner ojos tiernos.
-Por favor…
Suspiró con hastío y asintió.
-Pero sólo hasta el internado. Sólo hasta ahí.
Asentí con una sonrisa, le cogí la mano a Kira y nos fuimos los cuatro hacia el coche. Ya dentro, pregunté:
-¿Por qué sencillamente no creas un Portal y listo?
-Porque no sé ni cómo es el sitio, ni cómo se llama, ni dónde está. ¿Cómo pretendes que viajemos a un lugar que no sé dónde se encuentra? Aunque… -miró a Penny.
Ésta apretó los labios.
-¿Sí, señor?
-¿Tú sabes hacer Portales?
-Por supuesto.
-Entonces llévanos hasta allí. Tú sabes cómo es el lugar, así que eres la única que puede llevarnos.
Penny asintió, y de repente apareció un Portal prácticamente en frente del capó del coche. Damen sonrió débilmente, arrancó el coche en dirección opuesta, hacia atrás, frenó, y pisó el acelerador a fondo. Entonces entramos.

jueves, 13 de enero de 2011

Capítulo 70 (D)

Como hoy debía vigilar por la noche, dejé a Elisa en la cama durmiendo y me fui. Pero al bajar en el ascensor y mirar el buzón, me encontré con varias cartas.
Fui hacia allí, y las cogí. Una vecina pasó por mi lado.
-Hola –me dijo mirándome con la boca abierta.
-Hola –dije, y volví mi atención a las cartas.
Factura, factura, factura, propaganda…
Hum, una carta desde París. La abrí. Era una invitación. Fruncí el ceño. El papel era viejo, como el que hacían antiguamente, y estaba escrito con letras elegantes. Pero no sabía para qué. Me encogí de hombros y me la guardé en el bolsillo. Las demás las tiré a la basura.
Salí a la calle, y vigilé por todas partes. Lo extraño era que no había visto nada. Sólo humanos que paseaban, se divertían y demás, pero ningún demonio. Entonces me decidí a ir otra vez a ese bar dónde curé a aquella chica.
Pero no había nadie.
Hum. Extraño.
Pero entonces un hombre rubio, de ojos azules y de apariencia tan joven como la mía, apareció por una puerta del interior del local. Me miró, y me sonrió, pero una sonrisa fría que te hace estremecer del terror.
Fruncí el ceño, y me crucé de brazos.
-Quién eres. ¿Y dónde está todo el mundo?
-¿No lo sabes?
-¿Debería?
-Están secuestrados, Damen. Ah, espera. Tu amigo… Jack, ¿verdad? ¿Cuánto hace que no le ves? ¿Cuatro, cinco años?
-Está en Italia.
-Ya no.
Tragué saliva. ¿Qué quería decir “ya no”?
-¿Qué?
Chasqueó los dedos, y el cuerpo de Jack apareció inerte a sus pies.
La mayor sensación de desasosiego que sentí al verlo sangrando.
No podía apartar la mirada de mi mejor amigo.
-¿Qué te parece? Desconcertante, ¿no? Es una pena. Bueno, me voy, y ten cuidado, porque también puede ocurrirle algo a la mujer que amas.
Y desapareció. Fui rápidamente hacia Jack, me arrodillé a su lado y le tomé el pulso. No latía, pero el mío se volvió frenético.
Jack… mi mejor amigo, tantas cosas que habíamos pasado juntos…
Unas lágrimas aparecieron por mis ojos, que resbalaron por mis mejillas y cayeron en su ropa.
-Jack… -susurré-. Jack, tú no… Cualquiera, pero tú…
Entonces escuché pasos detrás de mí. Lleno de rabia, saqué rápidamente mi pistola del bolsillo interior de la chaqueta, me levanté y apunté al intruso.
Pero era la chica del otro día, a la que curé. Tenía los ojos dilatados del miedo.
Apreté la mandíbula, y bajé poco a poco la pistola. Con un tembloroso suspiro me la guardé.
-Usted es…
-Sí.
-¿Está llorando?
Me di cuenta de que sí, así que alcé la mano y me enjugué las lágrimas. Odiaba llorar, sobre todo delante de la gente, pero es que esto… esto me superaba.
-¿Qué… qué pasó… qué pasó aquí? –pregunté con la voz rota por el dolor.
-Ese hombre se llevó a todos los ángeles. Yo conseguí esconderme.
Volví a mirar a Jack. Una forma… tenía que haber una forma para salvarle. No podía morir, él no.
Entonces recordé a Adalia.
-Ven conmigo –apremié a la chica.
Ella asintió, y ambos primero nos dirigimos a mi casa. En el portal del edificio, me volví hacia ella.
-Quédate aquí, ahora vuelvo.
Volvió a asentir, y yo subí en el ascensor.
Venga, vamos… No puede tardar tanto…
Por fin llegué a mi piso, abrí la puerta con rapidez y me encontré a Elisa y a Kira sentadas en el sofá con el portátil. Suspiré lleno de alivio. Me miraron.
-¿Damen? ¿Estás bien? –me preguntó Elisa.
Se levantó. Me acerqué a ella y la abracé, cerrando los ojos con fuerza. Sin poderlo evitar, otra lágrima me resbaló por la mejilla. Elisa se dio cuenta, y me miró llena de pánico. Me tocó la mejilla, y sin dejar de abrazarme miró a Kira, que también nos miraba, con la boca abierta.
-Kira, ve a jugar a la habitación con Yin Yang. Corre.
Kira asintió, dejó el portátil a un lado, cogió a Yin Yang en brazos y se fue a su habitación. Elisa se volvió hacia mí y me llevó hasta el sofá. Nos sentamos. Apoyé los codos en las rodillas y enterré la cara en las manos. Elisa puso una mano en mi espalda.
-Damen, por favor, cuéntame qué pasó.
-Jack… -susurré.
-¿Jack? ¿Qué le pasa a Jack? ¿Está bien, no…? –la miré-. Oh, dios mío, no… No será que…
Ella también empezó a llorar.
-¡Pero es imposible! ¡Es Jack! ¡Él no puede… es que no puede…! –sollozó.
La abracé.
-Creo que todavía podemos hacer algo –dije.
-¿Lo qué?
-Vamos a ver a Adalia. Venga.
Asintió, y nos levantamos. Llamamos a Kira, salimos del piso y bajamos. La chica nos esperaba en la entrada.
-Señor –dijo.
-Elisa, esta es una de las mías. Hum…
-Penny, encantada –le dijo.
-Bien. Vamos.
Sin perder el tiempo, fuimos a su casa. Adalia se había mudado a las afueras de la ciudad, cerca de nosotros. No quería seguir viviendo en el pueblo dónde podía recordarle a Susan.
Llegamos en mi coche, y llamamos. Sólo deseo que ella sepa qué hacer…

lunes, 3 de enero de 2011

Capítulo 69 (E)

Cuando llegué a casa después de subir el ascensor, abrí la puerta, la cerré detrás de mí y fui al salón, dónde me encontré a Kira sentada en el sofá, con mi portátil en las rodillas, y a Yin Yang al lado, durmiendo. Ni siquiera me miró cuando entré.
-¿Kira?
Alzó la mirada, y al reparar en mí sonrió.
-Hola –y volvió a ver el ordenador.
Me acerqué a ella.
-¿Qué estás viendo que te tiene tan enfrascada?
-Una serie de dibujos que se llama Vampire Knight –dijo sin mirarme.
-Ah, qué bien.
Le revolví el pelo con cariño, acaricié la cabeza de Yin Yang y me dirigí a mi habitación, dónde me encontré a Damen sentado a los pies de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cara tapada por las manos.
Me asusté al verlo así, así que dejé la mochila en el suelo y me senté a su lado.
-Damen…
Retiró las manos de la cara y me miró.
-Elisa… -suspiró.
-¿Qué te pasa? Me estás asustando.
-Tú… tú sabes que te quiero, ¿verdad?
Fruncí el ceño, y asentí extrañada.
-Claro que sí. ¿Pero por qué me lo dices ahora?
-¿Tienes pensado…dejarme en un futuro?
Parpadeé sorprendida.
-¿Qué? ¿Dejarte? ¿Por qué iba a…?
-¿O estás con otro?
La verdad es que eso me cabreó un poco. Me crucé de brazos y le miré con expresión seria.
-¿Tú estás tonto?
Se irguió, mirándome anonadado.
-¿Cómo?
-Te pregunto si estás tonto. Damen, ¿de dónde has sacado eso?
Suspiró, y miró al suelo, completamente destrozado. ¿Qué había pasado?
-Dime qué te ocurre, por favor.
-Hum… -me miró, y debió de ver algo en mis ojos, ya que alzó ligeramente las cejas y sonrió débilmente-. Nada. Tienes razón, esto es una estupidez. No…
-Un momento. ¿Estás celoso? –Desvió la mirada hacia la pared, apretando los labios-. ¡Estás celoso! –sonreí, aunque no sabía de qué.
-No. Yo nunca me pongo celoso. ¡No seas ridícula! Yo, celoso. Qué cosas… tienes…
Volvió a suspirar. Puse mis manos en sus mejillas y le obligué a mirarme.
-Tú eres el único en el mundo del que estoy locamente enamorada. Así que no hace falta que te pongas así. Nunca voy a abandonarte. Prometí que estaría a tu lado durante toda la eternidad por mi propia voluntad –él cerró los ojos, como si estuviera disfrutando del contacto de mi mano en la mejilla, y sonrió. Junté nuestras frentes-. Y te quiero.
Abrió los ojos, me rodeó la cintura con los brazos y cayó hacia atrás, dejándome sobre su pecho. Me miraba con tanto amor que no pude evitar ruborizarme.
-Mi amor, mi cielo, tú eres la llave que puede abrir mi corazón…
Sonreí.
-Damen, estás delirando.
-No… Bueno, puede que un poquito, pero después de que me dijeras que me quieres…
Me besó la cara y el cuello mientras empezaba a desabrochar los primeros botones de mi blusa, pero un pequeño carraspeo nos frenó a ambos. Miramos hacia la puerta, dónde Kira nos miraba con los brazos cruzados.
-Que hay una niña delante… -bostezó-. Elisa… es que tengo sueño…
Me levanté y salí de la cama.
-¡Nooo! ¡Esto se supone que iba a ser una media reconciliación romántica! –replicó Damen mientras se incorporaba-. ¡Un perro! ¡Debimos cuidar de un perro, en vez de esta niña! ¡Así al menos se comería al gato y no nos molestaría en estos momentos tan importantes!
Kira le miró interrogante, pero yo sonreí, le cogí de la manita y la llevé a su habitación.
Cuando la acosté en la cama, dónde en la habitación ya estaban todos los muebles y juguetes, la tapé con las mantas.
-¿Cenaste?
-Sí. ¡Ya sé preparármelo yo sola! Me costó, pero no fue difícil.
Sonreí ampliamente, y por un impulso le di un beso en la frente.
-Buenas noches.
Kira parpadeó un poco sorprendida, pero luego sonrió también.
-Buenas noches. Hum… Elisa, debo decirte algo… Por la mañana vino una tal Adalia, y Damen estaba así antes porque le dijo que había visto no sé qué de tu futuro en el que estabas besando a otro que no era Damen.
Abrí la boca para decir algo, pero es que me había dejado sin habla, ya que me lo había soltado así, de repente.
Asentí despacio y le acaricié la frente.
-Gracias por decírmelo.
Kira asintió y cerró los ojos.
Fui hacia la puerta, y la cerré, apagando la luz antes de salir. En el salón me encontré a Damen con los brazos cruzados. Al verme, sonrió.
-¿Ya se durmió?
-Sí –suspiré-. Damen, ¿hay algo que no me hayas contado? ¿Sobre una visita de Adalia, quizá?
Dejó de sonreír, y me miró de hito en hito. Suspiró.
-Sí. Pero veo que Kira te lo acaba de contar –asentí, y me crucé de brazos-. Tenía miedo, nada más. ¿Y que sabía si me estabas…?
-Damen, por favor, ya te dije…
-Lo sé, pero en ese momento… Creí lo peor.
Se acercó a mí, y me abrazó mientras besaba mi pelo. Apoyé la cabeza en su pecho, dónde podía escuchar sus latidos frenéticos, acompasados con los míos. Me separé, y le miré.
-Y es verdad. Estoy celoso de lo que pudiera pasar, y menos mal que no pasó. Porque quiero que tus suspiros sean sólo para mí –retrocedí un paso, y él avanzó otro-. Quiero ser el único que bese tus labios –retrocedí otro, y él lo mismo-. Quiero ser el que te hace temblar las piernas como ahora cuando estoy odiosamente cerca –y otro, hasta que choqué contra la pared, y Damen me acorraló con su cuerpo. Se inclinó ligeramente, y me susurró al oído mientras cogía mi mano y la colocaba en su pecho-. Y quiero ser el único en el mundo que pueda aliviar los fuertes latidos de tu corazón que yo mismo provoco…
El corazón se me disparó otra vez, con más fuerza.
Mientras nos besábamos, no pude evitar el pensar en que pude olvidarlo durante un tiempo…
Devon no había podido con sus recuerdos, sin embargo con los míos sí, porque mi mente era más débil que la de Damen, y me dolía pensar en que, si no hubiera recordado, ahora no lo tendría a mi lado…

** ¡Feliz año nuevo! ^-^