Nos colocamos más o menos en el centro de la sala. Puse mis manos en sus hombros y él puso las suyas en mi cintura.
Yo procuraba mirar a otro lado.
-¿Te intimido?
Le miré.
-¿Perdona?
-Que si me tienes miedo.
-No, por supuesto que no.
-¿Entonces porque evitas mirarme? –me encogí de hombros. Si intentaba entablar una conversación, iba listo-. Mira, tú te casarás conmigo dentro de una semana, y si no te gusta, te aguantas.
-Ah, claro. Oye, sé perfectamente… Mira, olvídalo. Además, da igual. Porque pueden obligarme a vestirme de novia, pueden obligarme a ir a la iglesia, a ir hasta el altar, a decir los votos. Pero lo que no pueden obligarme a hacer es decir sí quiero.
Ralph apretó los dientes, y se acercó a mi oído.
-Como no lo hagas, me encargaré personalmente de que sufras por ello –me susurró. Luego se apartó y me miró-. ¿Te ha quedado claro?
Miró a nuestros padres y les sonrió encantadoramente, pero yo sabía que en realidad estaba fingiendo como un bellaco.
-Y luego me preguntas que por qué no te miro… -murmuré.
-¿Cómo?
-Nada.
Seguimos bailando a paso lento, y él me recorrió con la mirada.
-Bueno… en realidad eres guapa y tienes buena figura. A lo mejor casarme contigo no sea tan malo… -dijo.
Me contuve todo lo que pude para no darle una bofetada en la cara.
-Eres un ser despreciable, ¿lo sabías?
-Algo me han dicho. Pero veo que no soy el único.
Bofetada no, pero le propiné una patada en la espinilla.
-¡Ay! –exclamó.
Me soltó, se agachó y se frotó con cuidado por encima del tobillo.
-¡¿Pero tú eres tonta?! ¡¿Sabes a quién le acabas de golpear?!
Fingí quedar pensativa.
-Bueno… sí, a mi futuro esposo. Qué disfrutes de la fiesta, “querido”.
Me alejé de él y me senté en una silla que había por allí. Mis padres bailaban también, ajenos a lo que había hecho.
Y una figura un poco más baja que yo apareció delante de mí. Era el hermano pequeño de ese imbécil. Tomás.
-¿Te apetece bailar? Una chica tan guapa como tú debería estar bailando.
Sonreí. Al menos su hermano era un cielo.
-Claro que sí.
Me levanté y empecé a bailar con él, aunque le sacaba una cabeza.
-¿Y tú cómo aguantas a tu hermano?
-Normalmente no le hago caso. Es muy… egoísta, supongo. Hasta a veces parece que el pequeño es él. Espero que tengas suerte.
-Gracias. Eres muy amable. Debiste de quedarte con los genes buenos.
Me di cuenta de lo que había dicho cuando terminé de decirlo, y me asusté, pero Tomás rió.
Al final la noche había acabado bien. Mejor que bien.
¡¡Cazadores de Sombras: Ciudad de ángeles caídos!! *¬*
domingo, 30 de mayo de 2010
domingo, 23 de mayo de 2010
Capítulo 3
Ya allí, nos bajamos y entramos. La música del piano, del violín y demás instrumentos se escuchaba desde fuera. Los padres de Ralph nos recibieron.
-¡Oh! ¡Ya habéis llegado! –Exclamó el hombre-. Os estábamos esperando –me miró-. Oh, ¡pero qué bella te has puesto, Raquel!
-Gracias, alteza –contesté secamente.
Un niño de unos doce años, rubio y de ojos verdes apareció entre los reyes.
-¡Madre, te estaba buscando!
Miró a mis padres sonrientes y luego a mí.
-Mira, cariño, ésta es Raquel, la futura esposa de tu hermano.
-Encantado, Raquel. Soy el príncipe Tomás –me dijo.
Me quedé con la boca abierta. Nunca había escuchado a un niño de doce años ser tan educado.
-Pero por favor, ¡pasad! No os quedéis ahí.
Mis padres asintieron y los reyes nos llevaron a la gran sala dónde se celebraba la fiesta. Estaba a rebosar de gente.
La reina se acercó a mí:
-Espera un poco, Ralph viene ahora.
-Está bien.
Por mí que tardara más de cuatro horas, que me daba igual.
La gente bailaba animadamente, con paso lento y a ritmo de la música, aunque no era mucha, ya que era muy suave.
Y de repente, en las enormes escaleras, apareció él.
Todos se volvieron, y sonreían, comentaban y demás.
El príncipe Ralph era de tez morena, de pelo rubio, pero a diferencia de su hermano, tenía los ojos azul oscuro. Supuestamente era apuesto, pero se notaba que también era muy serio.
Las personas le hacían alguna reverencia cuando pasaba por su lado, pero él ni se inmutaba.
Y mi odio hacia él se acrecentó.
Avistó a sus padres, y vino hacia ellos. Se colocó a su lado, con las manos detrás de la espalda y la cabeza altiva.
Empezamos bien.
-Hijo, esta es Raquel. Tu prometida.
Dios, qué asco me daba esa palabra en estos momentos. A él tampoco parecía agradarle mucho, pero sonrió con picardía.
-Así que ésta es mi futura esposa, ¿eh? Qué bien. Al menos tiene buen porte.
Capullo.
-Sí, lo mismo digo, “alteza” –comenté.
-¿No me vas a hacer ni siquiera una reverencia?
-¿Es que te hace falta? Porque yo creo que no.
Mis padres y los suyos me miraron con los ojos muy abiertos. Ralph sonrió divertido.
-Al menos sabes defenderte, lingüísticamente hablando.
-He tenido mucho tiempo para aprender durante todos estos años.
-¿Me concedes este baile? –me tendió la mano.
-Si no queda más remedio… -mi padre me miró serio. Carraspeé-. Esto… sí, por supuesto.
Le tomé la mano a regañadientes. Esta sería una noche horrible.
-¡Oh! ¡Ya habéis llegado! –Exclamó el hombre-. Os estábamos esperando –me miró-. Oh, ¡pero qué bella te has puesto, Raquel!
-Gracias, alteza –contesté secamente.
Un niño de unos doce años, rubio y de ojos verdes apareció entre los reyes.
-¡Madre, te estaba buscando!
Miró a mis padres sonrientes y luego a mí.
-Mira, cariño, ésta es Raquel, la futura esposa de tu hermano.
-Encantado, Raquel. Soy el príncipe Tomás –me dijo.
Me quedé con la boca abierta. Nunca había escuchado a un niño de doce años ser tan educado.
-Pero por favor, ¡pasad! No os quedéis ahí.
Mis padres asintieron y los reyes nos llevaron a la gran sala dónde se celebraba la fiesta. Estaba a rebosar de gente.
La reina se acercó a mí:
-Espera un poco, Ralph viene ahora.
-Está bien.
Por mí que tardara más de cuatro horas, que me daba igual.
La gente bailaba animadamente, con paso lento y a ritmo de la música, aunque no era mucha, ya que era muy suave.
Y de repente, en las enormes escaleras, apareció él.
Todos se volvieron, y sonreían, comentaban y demás.
El príncipe Ralph era de tez morena, de pelo rubio, pero a diferencia de su hermano, tenía los ojos azul oscuro. Supuestamente era apuesto, pero se notaba que también era muy serio.
Las personas le hacían alguna reverencia cuando pasaba por su lado, pero él ni se inmutaba.
Y mi odio hacia él se acrecentó.
Avistó a sus padres, y vino hacia ellos. Se colocó a su lado, con las manos detrás de la espalda y la cabeza altiva.
Empezamos bien.
-Hijo, esta es Raquel. Tu prometida.
Dios, qué asco me daba esa palabra en estos momentos. A él tampoco parecía agradarle mucho, pero sonrió con picardía.
-Así que ésta es mi futura esposa, ¿eh? Qué bien. Al menos tiene buen porte.
Capullo.
-Sí, lo mismo digo, “alteza” –comenté.
-¿No me vas a hacer ni siquiera una reverencia?
-¿Es que te hace falta? Porque yo creo que no.
Mis padres y los suyos me miraron con los ojos muy abiertos. Ralph sonrió divertido.
-Al menos sabes defenderte, lingüísticamente hablando.
-He tenido mucho tiempo para aprender durante todos estos años.
-¿Me concedes este baile? –me tendió la mano.
-Si no queda más remedio… -mi padre me miró serio. Carraspeé-. Esto… sí, por supuesto.
Le tomé la mano a regañadientes. Esta sería una noche horrible.
jueves, 13 de mayo de 2010
Capítulo 2
Al día siguiente, por la mañana, con ayuda de algunas criadas me coloqué el vestido.
Me queda perfecto, pero por eso lo odiaba.
Me lo quité, y lo arrojé al suelo.
-Señorita, que va a arrugar el vestido… -me dijo Silvia, una de mis sirvientas, y con la que mejor me llevaba.
Me tiré encima de la cama.
-Me da igual.
Silvia suspiró, lo recogió y se sentó a mi lado.
-Cariño, dentro de unas horas conocerás al hombre que pasará el resto de tu vida contigo. Debes, como mínimo, gustarle.
-Pero es que no quiero…
-Nadie está satisfecho con lo que se tiene –alisó el vestido-. Pero al menos tú tienes una bonita casa, unos padres que te quieren…
-En eso discrepo.
-No digas sandeces. Te quieren, pero si no te casas con el príncipe Ralph… Además, tú no quieres a nadie más, así que… ¿qué más te da?
-¿Y tú cómo sabes que es así? Bueno, en realidad no sé. Aunque te parezca increíble… ¿Recuerdas aquel niño con el que jugaba yo siempre de pequeña?
Silvia se lo pensó unos momentos, y luego sonrió.
-Claro que sí.
-Pues… a lo mejor es mi imaginación, pero creo… que sigo enamorada de él. Aunque no sé ni cómo se llama, ni dónde está ahora, ni cómo es, pero…
La mujer sonrió todavía más.
-No lo recuerdo yo tampoco. Bueno, pero de todos modos, si lo vuelves a ver… Que tengas suerte.
Se levantó, dejó el vestido en el tocador y se fue. Yo me quedé pensativa.
Ya por la noche, mis criadas me estuvieron peinando, vistiendo y demás durante tres horas insufribles, y todo para una estupidez.
Mi padre me vino a buscar a mi habitación.
Yo estaba sentada delante del espejo, mirando cómo me quedaba. Mi padre se colocó detrás de mí y puso sus manos en mis hombros.
-Estás muy guapa, ¿sabías? Al príncipe Ralph le vas a encantar.
-A mí me parece que a ese hombre le gustan más otro tipo de mujeres.
-Raquel, por favor…
-¿Cuántos años tiene?
-Acaba de cumplir veintiuno. Sólo te lleva un año, cariño. Es perfecto para ti.
Suspiré.
-Venga, vamos, que llegamos tarde.
Me levanté y mis padres y yo nos subimos en el carruaje tirado por los caballos y nos encaminamos hacia el castillo.
Me queda perfecto, pero por eso lo odiaba.
Me lo quité, y lo arrojé al suelo.
-Señorita, que va a arrugar el vestido… -me dijo Silvia, una de mis sirvientas, y con la que mejor me llevaba.
Me tiré encima de la cama.
-Me da igual.
Silvia suspiró, lo recogió y se sentó a mi lado.
-Cariño, dentro de unas horas conocerás al hombre que pasará el resto de tu vida contigo. Debes, como mínimo, gustarle.
-Pero es que no quiero…
-Nadie está satisfecho con lo que se tiene –alisó el vestido-. Pero al menos tú tienes una bonita casa, unos padres que te quieren…
-En eso discrepo.
-No digas sandeces. Te quieren, pero si no te casas con el príncipe Ralph… Además, tú no quieres a nadie más, así que… ¿qué más te da?
-¿Y tú cómo sabes que es así? Bueno, en realidad no sé. Aunque te parezca increíble… ¿Recuerdas aquel niño con el que jugaba yo siempre de pequeña?
Silvia se lo pensó unos momentos, y luego sonrió.
-Claro que sí.
-Pues… a lo mejor es mi imaginación, pero creo… que sigo enamorada de él. Aunque no sé ni cómo se llama, ni dónde está ahora, ni cómo es, pero…
La mujer sonrió todavía más.
-No lo recuerdo yo tampoco. Bueno, pero de todos modos, si lo vuelves a ver… Que tengas suerte.
Se levantó, dejó el vestido en el tocador y se fue. Yo me quedé pensativa.
Ya por la noche, mis criadas me estuvieron peinando, vistiendo y demás durante tres horas insufribles, y todo para una estupidez.
Mi padre me vino a buscar a mi habitación.
Yo estaba sentada delante del espejo, mirando cómo me quedaba. Mi padre se colocó detrás de mí y puso sus manos en mis hombros.
-Estás muy guapa, ¿sabías? Al príncipe Ralph le vas a encantar.
-A mí me parece que a ese hombre le gustan más otro tipo de mujeres.
-Raquel, por favor…
-¿Cuántos años tiene?
-Acaba de cumplir veintiuno. Sólo te lleva un año, cariño. Es perfecto para ti.
Suspiré.
-Venga, vamos, que llegamos tarde.
Me levanté y mis padres y yo nos subimos en el carruaje tirado por los caballos y nos encaminamos hacia el castillo.
domingo, 9 de mayo de 2010
Capítulo 1
*Bueno, pues empezamos de nuevo. A ver si os gusta esta historia, y si no, pues la borro, y listo ^^
Espero que os guste:
-Cariño, ya sabes lo que te toca.
Mi padre me lo repetía cada vez que yo me negaba. Estábamos en el año 1365 d.C. Yo había nacido en el seno de una familia noble.
Y estaba prometida.
¿Lo peor? Que no sabía ni quién era mi prometido ni tampoco quería saberlo.
De pequeña había jugado y pasado un gran tiempo con un niño con el que siempre creí que estaría, pero no fue así. Se fue hace muchísimo tiempo. Y era el único con el que quería casarme, aunque en realidad no le recordaba. Ni siquiera su nombre.
Mi prometido era el príncipe Ralph, y no es que hubiera escuchado cosas buenas de él en realidad. Era malvado, cruel, implausible. No era muy querido, vaya.
¡Y yo no quería pasar el resto de mi vida con él!
Apreté los dientes y fulminé con la mirada a mis padres:
-¡No quiero!
-Da igual si quieres o no. Tienes que hacerlo. ¿Tú sabes lo bien que nos haría que te casases con un príncipe?
-Vale, ¡pero quiero otro, no este! Padre, este hombre es cruel, ¡no me podéis hacer esto!
-¡A callar! –Replicó mi madre-. Tú harás lo que nosotros te digamos, y listo.
Con rabia, salí de allí y subí a mi habitación. Me eché a llorar encima de mi cama.
¿Por qué me hacían esto? ¡No quería acabar como mi hermana mayor! También se había casado con un noble por obligación. Alguien a quién no amaba. Y yo no quería lo mismo para mi vida.
De repente petaron en la puerta.
-¡Vete! –grité.
Pero abrieron igual. Era mi madre, y traía un vestido azul de seda. Fruncí el ceño.
-Bien, cariño, aquí tienes.
Me levanté y lo miré.
-Qué es esto.
-Un vestido. ¿No lo ves?
-No, digo para qué lo quiero.
-Oh, bueno, conocerás al príncipe Ralph mañana por la noche, en una fiesta. Y quiero que lo impresiones. Así que te pondrás esto.
-Yo no voy.
-Oh, sí que irás.
-¡Que no! ¡No puedes obligarme! ¡Sólo porque tú seas una amargada sin escrúpulos no significa que quieras también destrozar mi vida!
Y por esto recibí un bofetón en plena cara. Unas lágrimas me resbalaron por las mejillas.
-No vuelvas a hablarme así otra vez. Soy tu madre y tengo derecho a dirigir el rumbo de tu vida. Y este es el que vas a seguir. Toma –me tendió el vestido, y yo, temblando, lo cogí- Pruébatelo. Si no te queda bien, me avisas y lo cambiamos.
Y se fue sin decir nada más. Tiré el vestido al suelo y me tiré encima de la cama.
Menuda suerte la mía.
*Ah, y por último. Acabo de hacer un nuevo blog, un poco especial y diferente, ya veréis a qué me refiero. Es aquí: The Stories Hunter
Y también me gustaría mucho que pasaseis por el blog de Ariana: digo te odio pero te amo
¡¡Os lo agradecería mucho, porque Ariana tiene mucho talento y querría que más gente la leyese!! ¡Gracias! ^^
Espero que os guste:
-Cariño, ya sabes lo que te toca.
Mi padre me lo repetía cada vez que yo me negaba. Estábamos en el año 1365 d.C. Yo había nacido en el seno de una familia noble.
Y estaba prometida.
¿Lo peor? Que no sabía ni quién era mi prometido ni tampoco quería saberlo.
De pequeña había jugado y pasado un gran tiempo con un niño con el que siempre creí que estaría, pero no fue así. Se fue hace muchísimo tiempo. Y era el único con el que quería casarme, aunque en realidad no le recordaba. Ni siquiera su nombre.
Mi prometido era el príncipe Ralph, y no es que hubiera escuchado cosas buenas de él en realidad. Era malvado, cruel, implausible. No era muy querido, vaya.
¡Y yo no quería pasar el resto de mi vida con él!
Apreté los dientes y fulminé con la mirada a mis padres:
-¡No quiero!
-Da igual si quieres o no. Tienes que hacerlo. ¿Tú sabes lo bien que nos haría que te casases con un príncipe?
-Vale, ¡pero quiero otro, no este! Padre, este hombre es cruel, ¡no me podéis hacer esto!
-¡A callar! –Replicó mi madre-. Tú harás lo que nosotros te digamos, y listo.
Con rabia, salí de allí y subí a mi habitación. Me eché a llorar encima de mi cama.
¿Por qué me hacían esto? ¡No quería acabar como mi hermana mayor! También se había casado con un noble por obligación. Alguien a quién no amaba. Y yo no quería lo mismo para mi vida.
De repente petaron en la puerta.
-¡Vete! –grité.
Pero abrieron igual. Era mi madre, y traía un vestido azul de seda. Fruncí el ceño.
-Bien, cariño, aquí tienes.
Me levanté y lo miré.
-Qué es esto.
-Un vestido. ¿No lo ves?
-No, digo para qué lo quiero.
-Oh, bueno, conocerás al príncipe Ralph mañana por la noche, en una fiesta. Y quiero que lo impresiones. Así que te pondrás esto.
-Yo no voy.
-Oh, sí que irás.
-¡Que no! ¡No puedes obligarme! ¡Sólo porque tú seas una amargada sin escrúpulos no significa que quieras también destrozar mi vida!
Y por esto recibí un bofetón en plena cara. Unas lágrimas me resbalaron por las mejillas.
-No vuelvas a hablarme así otra vez. Soy tu madre y tengo derecho a dirigir el rumbo de tu vida. Y este es el que vas a seguir. Toma –me tendió el vestido, y yo, temblando, lo cogí- Pruébatelo. Si no te queda bien, me avisas y lo cambiamos.
Y se fue sin decir nada más. Tiré el vestido al suelo y me tiré encima de la cama.
Menuda suerte la mía.
*Ah, y por último. Acabo de hacer un nuevo blog, un poco especial y diferente, ya veréis a qué me refiero. Es aquí: The Stories Hunter
Y también me gustaría mucho que pasaseis por el blog de Ariana: digo te odio pero te amo
¡¡Os lo agradecería mucho, porque Ariana tiene mucho talento y querría que más gente la leyese!! ¡Gracias! ^^
domingo, 4 de abril de 2010
Lo siento
Veréis, lo siento muchísimo, pero por problemas personales y además de que ya no tengo la inspiración de siempre, voy a dejar de escribir.
Quizá alguna vez vuelva a querer escribir otra vez, por ello no cerraré los blogs.
De verdad que lo siento, pero tardaré bastante en volver.
Cuidaos y hasta siempre.
Quizá alguna vez vuelva a querer escribir otra vez, por ello no cerraré los blogs.
De verdad que lo siento, pero tardaré bastante en volver.
Cuidaos y hasta siempre.
lunes, 29 de marzo de 2010
Capíulo 28 (E)
Mientras corría como una posesa hacia la torre, me tropezaba a veces con el suelo, que estaba algo resbaladizo por causa de la lluvia de la noche anterior. Los ángeles, al verme pasar, se volteaban para ver quién era, pero ni les daba tiempo a verme la cara.
Al llegar a la torre, me paré delante de la puerta, dónde dos hombres fornidos vestidos de uniforme blanco me prohibían el paso.
-¿Y tú qué quieres? -preguntó el de la derecha.
-Emmm... tengo que ir. Es que... mi familia está ahí dentro.
-Mira, niña, ¿esa es la mejor excusa que se te ocurre? Muchos han... -me miró fijamente- un momento, ¿tú eres de aquí?
-Bueno... n... sí, soy de aquí.
-¿Estás segura? ¿Puedes demostrarlo?
Respiré hondo.
-Sí, puedo demostrarlo. Preguntad... lo que queráis.
-¿Cuántos años tienes? -me preguntó el de la derecha.
¿Y eso qué tenía que ver?
-Dieciséis... ¿por?
-¿Cómo que por? ¿Segura de que eres de Saints?
-¡Sí, estoy segura, es sólo que...! Bueno... ¿qué me iba a preguntar?
-¿En qué casa vives? ¿Y con quiénes la compartes?
-Pues... pues... -pensé rápido, algo que no ocurría muy seguido-. Vi-vivo en aquella casa -les señalé la casa de dónde acababa de salir-, con... con Damen, Andrew, eh... -vamos, recuerda, recuerda-, Jo-Jonan, Cecil, Jack y... y Brad.
Los hombres asintieron.
-Vaya, debe de ser muy duro que la Inquisición te pusiera con chicos. Bien, está bien. No nos fiamos un pelo de ti, pero pareces decir la verdad, así que... pasa.
Sonreí, y las puertas se abrieron al pisar la alfombrilla. Dentro del edificio, suspiré de alivio mientras cerraba los ojos. Qué porquería de seguridad. Al abrirlos, miré toda la planta.
Era enorme, dónde había gente que iban de aquí para allá con papeles o simplemente para pedirles a las secretarias o a los guardias dónde estaba cualquier sitio. Había un mostrador bastante largo que rodeaba una gran columna justo en el centro del lugar. Y muchas secretarias detrás de él, dónde me acerqué a una de ellas.
Al verme acercarme, me sonrió.
-Dime, ¿qué desea? –preguntó.
-Me gustaría saber en qué planta está el despacho del jefe de… esto… de este edificio, si me lo permite –no recordaba el nombre del lugar, y eso que se lo había escuchado alguna vez a Damen.
-Es el piso 87, el último. ¿Ha pedido cita?
-Sí, claro –mentí-. Si no me equivoco… -miré mi reloj- dentro de dos… minutos. Puede mirarlo si quiere –dije convencida.
Que no lo mire, que no lo mire, que no lo mire…
-Ah, bueno, si es así, pase.
-¿No lo va a comprobar? –pregunté sorprendida.
-No, me fío de su cara angelical –y se rió.
Qué chistazo. Carraspeé, sonreí y asentí, antes de largarme de allí. Busqué las escaleras o un ascensor, y tuve la suerte de encontrarme uno, aunque había muchos más en varias esquinas. Le di al botón y esperé, y al llegar subí y le di al botón –entre otros muchos- ochenta y siete. El ascensor era de cristal, y se podía ver todo el exterior. Mientras ascendía, me quedé embobada mirando toda la ciudad y más allá, dónde había bosques, colinas, campos verdes con casas apartadas de aquí y demás. Pero algo –una intuición, quizá-, hizo que mirase abajo y me horroricé: Damen, Susan y los demás me estaban buscando. Se habían separado, y no es que éste estuviera lo que se dice contento…
Tragué saliva y miré hacia arriba, ya me quedaba poco para llegar a esa planta tan elevada. Cuando por fin estuve ya allí, salí del ascensor y entré en la planta. Era un pasillo largo. Caminé y caminé, hasta llegar a dos puertas. Peté, y la abrí al escuchar un fuerte “¡Pasa!” al otro lado. Era un despacho bastante bien proporcionado, con muchos libros en las estanterías de cristal y una mesa llena de papeles con un hombre sentado en un gran sillón de cuero negro y escribiendo detrás de ésta. Al sentirme, levantó la vista y sonrió, aunque no pude interpretar muy bien esa sonrisa…
-Vaya, ¿tú eres…? –preguntó el hombre.
-Soy Elisa, y… ¿fue usted quién…?
-¿Quién…?
-¿Quién me llamó para que viniera a por mi familia?
-¿Tu… familia? –se quedó pensativo, pero luego abrió mucho los ojos-. ¡Ah! Es verdad, encontramos a un hombre, su esposa y su hijo humanos perdidos en el bosque, y los trajimos aquí. ¿Pueden ser…?
-¡Sí! ¡Son ellos!
-Pero… si son tu familia y son humanos… eso quiere decir que tú también lo eres, y que no deberías estar aquí, ¿no crees? ¿Es que mentiste a los guardias de abajo?
Mierda, caí como idiota.
-Bueno, yo… es que… tenía que venir a por ellos.
-¿Y cómo sabías que estaban aquí?
Pregunta trampa. Pero esta vez no sería tan estúpida como para delatar a Damen y los demás.
-Pues… verá, vine aquí por un ángel que no conocía de nada y… bueno… hizo un portal y me metí, y luego encontré la ciudad y llegué hasta este edificio… y vi a mi hermano acompañado de un guardia…
-Ah, ya entiendo, está bien, te creo.
Pero su mirada le delataba: no se lo creía para nada, pero si era así, ¿por qué no me decía nada?
-Está bien, mira, ahora mismo no pueden ir contigo, pero si vuelves mañana por la mañana, podréis iros todos a casa. ¿Te parece?
-Sí… supongo que sí… -respondí sin mucho énfasis.
-Bien, entonces hasta mañana. Puedes irte.
Cabizbaja, volví al ascensor y bajé las plantas.
Al salir de él, me esperaba Damen. Empecé a temblar. La bronca que iba a recibir...
Al llegar a la torre, me paré delante de la puerta, dónde dos hombres fornidos vestidos de uniforme blanco me prohibían el paso.
-¿Y tú qué quieres? -preguntó el de la derecha.
-Emmm... tengo que ir. Es que... mi familia está ahí dentro.
-Mira, niña, ¿esa es la mejor excusa que se te ocurre? Muchos han... -me miró fijamente- un momento, ¿tú eres de aquí?
-Bueno... n... sí, soy de aquí.
-¿Estás segura? ¿Puedes demostrarlo?
Respiré hondo.
-Sí, puedo demostrarlo. Preguntad... lo que queráis.
-¿Cuántos años tienes? -me preguntó el de la derecha.
¿Y eso qué tenía que ver?
-Dieciséis... ¿por?
-¿Cómo que por? ¿Segura de que eres de Saints?
-¡Sí, estoy segura, es sólo que...! Bueno... ¿qué me iba a preguntar?
-¿En qué casa vives? ¿Y con quiénes la compartes?
-Pues... pues... -pensé rápido, algo que no ocurría muy seguido-. Vi-vivo en aquella casa -les señalé la casa de dónde acababa de salir-, con... con Damen, Andrew, eh... -vamos, recuerda, recuerda-, Jo-Jonan, Cecil, Jack y... y Brad.
Los hombres asintieron.
-Vaya, debe de ser muy duro que la Inquisición te pusiera con chicos. Bien, está bien. No nos fiamos un pelo de ti, pero pareces decir la verdad, así que... pasa.
Sonreí, y las puertas se abrieron al pisar la alfombrilla. Dentro del edificio, suspiré de alivio mientras cerraba los ojos. Qué porquería de seguridad. Al abrirlos, miré toda la planta.
Era enorme, dónde había gente que iban de aquí para allá con papeles o simplemente para pedirles a las secretarias o a los guardias dónde estaba cualquier sitio. Había un mostrador bastante largo que rodeaba una gran columna justo en el centro del lugar. Y muchas secretarias detrás de él, dónde me acerqué a una de ellas.
Al verme acercarme, me sonrió.
-Dime, ¿qué desea? –preguntó.
-Me gustaría saber en qué planta está el despacho del jefe de… esto… de este edificio, si me lo permite –no recordaba el nombre del lugar, y eso que se lo había escuchado alguna vez a Damen.
-Es el piso 87, el último. ¿Ha pedido cita?
-Sí, claro –mentí-. Si no me equivoco… -miré mi reloj- dentro de dos… minutos. Puede mirarlo si quiere –dije convencida.
Que no lo mire, que no lo mire, que no lo mire…
-Ah, bueno, si es así, pase.
-¿No lo va a comprobar? –pregunté sorprendida.
-No, me fío de su cara angelical –y se rió.
Qué chistazo. Carraspeé, sonreí y asentí, antes de largarme de allí. Busqué las escaleras o un ascensor, y tuve la suerte de encontrarme uno, aunque había muchos más en varias esquinas. Le di al botón y esperé, y al llegar subí y le di al botón –entre otros muchos- ochenta y siete. El ascensor era de cristal, y se podía ver todo el exterior. Mientras ascendía, me quedé embobada mirando toda la ciudad y más allá, dónde había bosques, colinas, campos verdes con casas apartadas de aquí y demás. Pero algo –una intuición, quizá-, hizo que mirase abajo y me horroricé: Damen, Susan y los demás me estaban buscando. Se habían separado, y no es que éste estuviera lo que se dice contento…
Tragué saliva y miré hacia arriba, ya me quedaba poco para llegar a esa planta tan elevada. Cuando por fin estuve ya allí, salí del ascensor y entré en la planta. Era un pasillo largo. Caminé y caminé, hasta llegar a dos puertas. Peté, y la abrí al escuchar un fuerte “¡Pasa!” al otro lado. Era un despacho bastante bien proporcionado, con muchos libros en las estanterías de cristal y una mesa llena de papeles con un hombre sentado en un gran sillón de cuero negro y escribiendo detrás de ésta. Al sentirme, levantó la vista y sonrió, aunque no pude interpretar muy bien esa sonrisa…
-Vaya, ¿tú eres…? –preguntó el hombre.
-Soy Elisa, y… ¿fue usted quién…?
-¿Quién…?
-¿Quién me llamó para que viniera a por mi familia?
-¿Tu… familia? –se quedó pensativo, pero luego abrió mucho los ojos-. ¡Ah! Es verdad, encontramos a un hombre, su esposa y su hijo humanos perdidos en el bosque, y los trajimos aquí. ¿Pueden ser…?
-¡Sí! ¡Son ellos!
-Pero… si son tu familia y son humanos… eso quiere decir que tú también lo eres, y que no deberías estar aquí, ¿no crees? ¿Es que mentiste a los guardias de abajo?
Mierda, caí como idiota.
-Bueno, yo… es que… tenía que venir a por ellos.
-¿Y cómo sabías que estaban aquí?
Pregunta trampa. Pero esta vez no sería tan estúpida como para delatar a Damen y los demás.
-Pues… verá, vine aquí por un ángel que no conocía de nada y… bueno… hizo un portal y me metí, y luego encontré la ciudad y llegué hasta este edificio… y vi a mi hermano acompañado de un guardia…
-Ah, ya entiendo, está bien, te creo.
Pero su mirada le delataba: no se lo creía para nada, pero si era así, ¿por qué no me decía nada?
-Está bien, mira, ahora mismo no pueden ir contigo, pero si vuelves mañana por la mañana, podréis iros todos a casa. ¿Te parece?
-Sí… supongo que sí… -respondí sin mucho énfasis.
-Bien, entonces hasta mañana. Puedes irte.
Cabizbaja, volví al ascensor y bajé las plantas.
Al salir de él, me esperaba Damen. Empecé a temblar. La bronca que iba a recibir...
sábado, 27 de marzo de 2010
Capítulo 27 (E)
*Oh, perdonad, esta cabeza mía... ^^ Si no fuera por Nina-rcc (te lo agradezco mucho ^^) no me habría dado cuenta. Ahora el vampire's black heart, como ya lo dejé claro allí, voy a poner la otra historia en el mismo blog, así que cambié el nombre. Ahora se llama así:
http://the-dreams-giver.blogspot.com/
¡Muchas gracias, y lo siento! :D
Después de que Susan me dejara otra vez sola en la habitación de Damen, éste y cuatro chicos más entraron. Ya no llevaba las gafas. Me los quedé mirando. Me parece que ya sé dónde se esconden los chicos guapos. Todos tenían... cara de ángel, ni más ni menos. Me quedé embobada.
-Elisa, estos son Andrew, Jonathan, Cecil -éste último lo dijo entre dientes-, y por supuesto, Jack.
-Todavía me recuerdas, ¿verdad? -preguntó mientras me tendía la mano, la tomé y me besó los nudillos en una reverencia antes de volver a soltarla.
-Por supuesto que sí -respondí algo aturdida.
-Bien, yo soy Jonathan, otro ángel como Damen y Jack, pero puedes llamarme Jonan -dijo el chico rubio de unos ojos verdes como la propia naturaleza-. Es un placer conocerte por fin, Elisa, aunque haya sido en estas circunstancias tan difíciles. Realmente espero que te pongas bien, aunque tu aspecto es inmejorable.
Me quedé sin palabras, y Jonathan sonrió por ello. Sin duda una sonrisa que te dejaba sin aliento. ¿Cómo podía haber chicos tan maravillosos como estos? ¿Y por qué justo me tuvo que tocar el más bastardo de todos?
Uno de pelo castaño claro con ojos marrones adelantó un paso.
-Bien, yo soy Andrew, y no soy exactamente un ángel.
-¿Qué? -pregunté confundida.
-Verás, aquí todos lo somos, pero no todos trabajan de eso.
Miré a Damen, que asintió.
-Sí, es verdad. Incluso se podría decir... que yo no lo soy en realidad.
-¿Cómo?
Bufó.
-Nunca creí que debería estar aquí, en el cielo -dijo casi como apenado.
-¡¿Cómo que no?! Vale que no eres el chico más dulce y encantador del mundo, ¡pero tampoco es para no entrar en el cielo! ¡¿Por qué crees eso?! -pregunté medio gritando.
-Porque es un enorme pecado estar tan bueno como yo -me soltó.
Los chicos rieron, aunque yo puse los ojos en blanco.
-Me reitero en lo dicho. Andrew, por favor, explícame.
-Bien, yo soy un ángel "DemonHunter" -me dijo-. Un cazador de demonios. Suele ser bastante útil, y muy divertido, aunque apenas puedo salir de Arglis, pero supongo que no pasa nada. Cualquiera daría su vida por hacer una visita a este maravilloso lugar. Un sueño hecho realidad, supongo.
-Bueno, y falto yo -dijo, si no me equivoco, Cecil, un chico de pelo negro como el azabache y de ojos negros-. Yo tampoco soy lo que se dice un verdadero ángel. Yo soy un ángel "DreamHunter".
-¿Cazador de sueños?
-Sí. Cuido los sueños de la gente que lo necesita.
Me quedé maravillada. ¿Quién lo hubiera dicho?
-Bueno, venga, largaos, que tiene que dormir -dijo de repente Damen.
Cecil le miró.
-Vaya, Damen, ¿desde cuando te preocupas por una chica? ¡Oh, ya sé, desde que K...!
Jack le tapó la boca con la mano, y Damen casi le propina un puñetazo en la cara, pero se contuvo. Carraspeó.
-Qué duermas bien, Elisa -me dijo.
Todos fueron saliendo, e iba a cerrar la puerta cuando dijo:
-Como hagas solamente una estupidez de las tuyas... de verdad que estás muerta.
Asentí con cuidado. Cerró la puerta. Chasqueé la lengua, me levanté de la cama y fui hacia la ventana. Ya era de día. La abrí y saqué la cabeza fuera, y lo que vi me iluminó la vista.
Era una ciudad realmente fantástica. Se parecía a la ciudad de Nueva York, por lo que vi en el Discovery Channel, pero casi todos los edificios eran como cristal, o diamantes. Los rayos del sol se reflejaban en los edificios, creando arcoiris por todas partes, y la gente... Los padres paseaban con sus hijos, pero al fijarme mejor vi que los niños tenían alas esponjosas en los omóplatos. Y algunos adultos también. Los ancianos también paseaban tranquilamente por la ciudad, entrando y saliendo de las tiendas, pero lo que más me llamaron la atención... fue un gran edificio totalmente de cristal en el centro de la ciudad, con muchas plantas, dónde podía acariciar las nubes. Y por último una torre, algo más pequeña, pero también de altura considerable, en el que ambos estaban protegidos por guardias. ¡Allí debía de estar mi familia! ¡No sabía si era intuición o algo, pero sabía que estaban ahí!
Me puse los tenis y la chaqueta y salí por la ventana, bajando gracias a una hilera que había al lado. Damen me mata, pero mi familia primero. ¡Y seguramente dentro de poco recuperaría mi memoria! ¡Estaba segura!
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¡Muchas gracias, y lo siento! :D
Después de que Susan me dejara otra vez sola en la habitación de Damen, éste y cuatro chicos más entraron. Ya no llevaba las gafas. Me los quedé mirando. Me parece que ya sé dónde se esconden los chicos guapos. Todos tenían... cara de ángel, ni más ni menos. Me quedé embobada.
-Elisa, estos son Andrew, Jonathan, Cecil -éste último lo dijo entre dientes-, y por supuesto, Jack.
-Todavía me recuerdas, ¿verdad? -preguntó mientras me tendía la mano, la tomé y me besó los nudillos en una reverencia antes de volver a soltarla.
-Por supuesto que sí -respondí algo aturdida.
-Bien, yo soy Jonathan, otro ángel como Damen y Jack, pero puedes llamarme Jonan -dijo el chico rubio de unos ojos verdes como la propia naturaleza-. Es un placer conocerte por fin, Elisa, aunque haya sido en estas circunstancias tan difíciles. Realmente espero que te pongas bien, aunque tu aspecto es inmejorable.
Me quedé sin palabras, y Jonathan sonrió por ello. Sin duda una sonrisa que te dejaba sin aliento. ¿Cómo podía haber chicos tan maravillosos como estos? ¿Y por qué justo me tuvo que tocar el más bastardo de todos?
Uno de pelo castaño claro con ojos marrones adelantó un paso.
-Bien, yo soy Andrew, y no soy exactamente un ángel.
-¿Qué? -pregunté confundida.
-Verás, aquí todos lo somos, pero no todos trabajan de eso.
Miré a Damen, que asintió.
-Sí, es verdad. Incluso se podría decir... que yo no lo soy en realidad.
-¿Cómo?
Bufó.
-Nunca creí que debería estar aquí, en el cielo -dijo casi como apenado.
-¡¿Cómo que no?! Vale que no eres el chico más dulce y encantador del mundo, ¡pero tampoco es para no entrar en el cielo! ¡¿Por qué crees eso?! -pregunté medio gritando.
-Porque es un enorme pecado estar tan bueno como yo -me soltó.
Los chicos rieron, aunque yo puse los ojos en blanco.
-Me reitero en lo dicho. Andrew, por favor, explícame.
-Bien, yo soy un ángel "DemonHunter" -me dijo-. Un cazador de demonios. Suele ser bastante útil, y muy divertido, aunque apenas puedo salir de Arglis, pero supongo que no pasa nada. Cualquiera daría su vida por hacer una visita a este maravilloso lugar. Un sueño hecho realidad, supongo.
-Bueno, y falto yo -dijo, si no me equivoco, Cecil, un chico de pelo negro como el azabache y de ojos negros-. Yo tampoco soy lo que se dice un verdadero ángel. Yo soy un ángel "DreamHunter".
-¿Cazador de sueños?
-Sí. Cuido los sueños de la gente que lo necesita.
Me quedé maravillada. ¿Quién lo hubiera dicho?
-Bueno, venga, largaos, que tiene que dormir -dijo de repente Damen.
Cecil le miró.
-Vaya, Damen, ¿desde cuando te preocupas por una chica? ¡Oh, ya sé, desde que K...!
Jack le tapó la boca con la mano, y Damen casi le propina un puñetazo en la cara, pero se contuvo. Carraspeó.
-Qué duermas bien, Elisa -me dijo.
Todos fueron saliendo, e iba a cerrar la puerta cuando dijo:
-Como hagas solamente una estupidez de las tuyas... de verdad que estás muerta.
Asentí con cuidado. Cerró la puerta. Chasqueé la lengua, me levanté de la cama y fui hacia la ventana. Ya era de día. La abrí y saqué la cabeza fuera, y lo que vi me iluminó la vista.
Era una ciudad realmente fantástica. Se parecía a la ciudad de Nueva York, por lo que vi en el Discovery Channel, pero casi todos los edificios eran como cristal, o diamantes. Los rayos del sol se reflejaban en los edificios, creando arcoiris por todas partes, y la gente... Los padres paseaban con sus hijos, pero al fijarme mejor vi que los niños tenían alas esponjosas en los omóplatos. Y algunos adultos también. Los ancianos también paseaban tranquilamente por la ciudad, entrando y saliendo de las tiendas, pero lo que más me llamaron la atención... fue un gran edificio totalmente de cristal en el centro de la ciudad, con muchas plantas, dónde podía acariciar las nubes. Y por último una torre, algo más pequeña, pero también de altura considerable, en el que ambos estaban protegidos por guardias. ¡Allí debía de estar mi familia! ¡No sabía si era intuición o algo, pero sabía que estaban ahí!
Me puse los tenis y la chaqueta y salí por la ventana, bajando gracias a una hilera que había al lado. Damen me mata, pero mi familia primero. ¡Y seguramente dentro de poco recuperaría mi memoria! ¡Estaba segura!
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