Me quedé mirando al chico joven anonadada, al igual que Kira.
¿Ethan?
Cruzamos la pequeña carretera hacia él.
Cuando nuestra sombra se proyectó a sus pies, el chico alzó la mirada.
Sí, eran exactamente los mismos ojos color celeste de Damen. Y el pelo, también como el de éste, pero de un color negro prácticamente azulado. Pero los rasgos físicos eran casi idénticos, aunque más maduros.
Nos miró con indiferencia y vio hacia otro lado, pero al ver que no nos movíamos, volvió otra vez la cabeza hacia nosotras.
-¿Tengo monos en la cara o qué?
La misma arrogancia. Era obvio.
-¿Esperas a alguien? –pregunté.
-¿Importa mucho?
-Quizá, depende de quién seas.
Alzó las cejas sorprendido, se incorporó y se cruzó de brazos.
-Perdona, niña, vosotras habéis venido a molestarme con preguntas elocuentes sobre mi situación… ¿Acaso te he pedido algo?
-No, pero sé que en algún momento lo harás.
-Vale, eso sí que me acaba de acojonar. ¿Quién eres?
-¿Conoces a Damen?
-¿Cómo eres capaz de cambiar de tema casi al momento?
-¿Lo conoces o no?
-Depende de a qué Damen te refieras. Hay muchos en el mundo.
-Un chico con tus ojos, y de un extraño pelo plateado…
-Entonces quizá sí. ¿Y tú quién…?
-Soy su novia. Y ella es Kira, su demonio –Kira sonrió y saludó con la mano-. ¿No me recuerdas, Ethan?
El chico nos miró alternativamente con los ojos muy abiertos.
-Esto… a riesgo de meter la pata hasta el mismísimo fondo… Por casualidad, ¿tú no serás Kate?
Sonreí ampliamente y asentí. Por primera vez, el hermano de Damen también sonrió.
-Vaya, vaya, quién lo hubiera dicho. La verdad te recordaba como una niña regordeta de diez años que le faltaban algunos dientes, pero veo… -me miró de arriba abajo-. Hum, veo que te has vuelto una mujer bastante guapa…
-Esto… gracias, supongo.
La verdad es que me incomodaba recibir cumplidos de otra gente que no fuera Damen o mis padres, y mucho menos del hermano de mi novio.
-¿Y a qué esperas? –preguntó Kira.
-Bueno… a que abra la tienda. Pensaba darle una sorpresa a mi hermanito pequeño, pero esta cosa no abre. Y ya son las once de la mañana.
-Pero Ethan… -repliqué-. ¿No te has preguntado antes de hablar contigo, por qué te estábamos mirando?
-¿Qué quieres decir?
-A ver… Los ángeles son invisibles…
-¡Ja! Ay, Kate, claro, perdona. No recordaba que hacía muchísimo tiempo que no hablábamos. No soy un ángel corriente. Soy un ángel Poder desde hace algún tiempo. Concretamente soy el jefe de los ángeles Poderes.
Me quedé con la boca abierta. Sabía que Damen y Ethan siempre habían rivalizado como los hermanos que eran, pero es que esto… esto superaba los límites.
-¿Es porque Damen lo es de los Dominios?
-¿Qué Damen es qué? –preguntó confuso.
De modo que no era rivalidad, sino una jugarreta del destino. Curioso.
-Hum, bueno, da igual. Ahora mismo Damen está durmiendo, pero si quieres venir con Kira y conmigo a dar una vuelta…
-Aceptaré gustoso tu oferta –y sonrió ampliamente.
Le devolví la sonrisa y los tres empezamos a andar.
¡¡Cazadores de Sombras: Ciudad de ángeles caídos!! *¬*
lunes, 22 de agosto de 2011
martes, 12 de julio de 2011
Capítulo 91 (D)---(E)
Me ocultaba algo. Lo percibía en todos mis sentidos. Pero estaba seguro que no me lo iba a decir. Entonces debía de ser grave. Pero confiaba ciegamente en ella.
Después de desayunar los tres en la mesa y darle la comida al gato peludo, me acosté en cama.
La verdad es que el cansancio podía conmigo.
(E)Damen tenía unas ojeras horribles del cansancio. El pobre debía de estar pasándolo fatal, y más a mi favor para no decirle lo del bebé y preocuparle el doble.
Estaba sentada en el sofá, con mi portátil en las rodillas, cuando Kira se colocó a mi lado. Todavía estaba en su forma humana.
-Elisa… ¿estás bien? –me preguntó preocupada. La miré.
-¿Yo? ¿Por qué me lo preguntas?
-Últimamente estás muy rara. Damen lo nota. Y yo también.
Me había pillado. Suspiré. Quizá con sólo decírselo a Kira no pasaría nada.
Dejé el ordenador a un lado.
-Está bien, pero prométeme que no se lo dirás a Damen, por favor.
-Promesa de meñique –alzó el dedo meñique, y yo sonreí. La imité, y entrelazamos los dedos.
-Bien, Kira… Estoy… hum… embarazada.
Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos. Pero luego sonrió abiertamente.
-¡¿De verdad?! –asentí-. ¡¡Bien!! ¡Un niño!
-Ssshh… ¡Kira, no grites tanto! –susurré-. Ya sabes…
-Ya, no te preocupes. Yo, calladita –me miró la barriga-. ¿Puedo oírle?
-Hum, no sé si se escuchará mucho, pero puedes probar.
Pegó la oreja en mi estómago, y cerró los ojos.
-Percibo… una débil vitalidad –murmuró-. Y me gusta.
Sonreí.
-Kira, ¿te apetece ir a dar una vuelta? Aunque sea domingo y no haya nada abierto, podemos ir a tomar el aire.
-¡Sí!
Ambas nos levantamos, cogimos las chaquetas y nos fuimos. Hacía, la verdad, un frío horrible en la calle propia del invierno.
Kira se entretuvo persiguiendo a una paloma blanca que andaba por el suelo, pero al ver a la niña, el ave alzó el vuelo.
-Oh –murmuró Kira.
Sonreí. Entonces, miré hacia otro lado. Mis ojos se encontraron con una persona apoyada en la pared de una tienda, mirando constantemente el reloj, como si esperase a alguien, o esperando a que la tienda se abriese. El problema era su físico…
-¿Pero qué…? –susurré. Kira lo miró también, y se le desencajó la mandíbula. Lo señaló con un dedo tembloroso.
No podía ser. Simplemente…
Después de desayunar los tres en la mesa y darle la comida al gato peludo, me acosté en cama.
La verdad es que el cansancio podía conmigo.
(E)Damen tenía unas ojeras horribles del cansancio. El pobre debía de estar pasándolo fatal, y más a mi favor para no decirle lo del bebé y preocuparle el doble.
Estaba sentada en el sofá, con mi portátil en las rodillas, cuando Kira se colocó a mi lado. Todavía estaba en su forma humana.
-Elisa… ¿estás bien? –me preguntó preocupada. La miré.
-¿Yo? ¿Por qué me lo preguntas?
-Últimamente estás muy rara. Damen lo nota. Y yo también.
Me había pillado. Suspiré. Quizá con sólo decírselo a Kira no pasaría nada.
Dejé el ordenador a un lado.
-Está bien, pero prométeme que no se lo dirás a Damen, por favor.
-Promesa de meñique –alzó el dedo meñique, y yo sonreí. La imité, y entrelazamos los dedos.
-Bien, Kira… Estoy… hum… embarazada.
Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos. Pero luego sonrió abiertamente.
-¡¿De verdad?! –asentí-. ¡¡Bien!! ¡Un niño!
-Ssshh… ¡Kira, no grites tanto! –susurré-. Ya sabes…
-Ya, no te preocupes. Yo, calladita –me miró la barriga-. ¿Puedo oírle?
-Hum, no sé si se escuchará mucho, pero puedes probar.
Pegó la oreja en mi estómago, y cerró los ojos.
-Percibo… una débil vitalidad –murmuró-. Y me gusta.
Sonreí.
-Kira, ¿te apetece ir a dar una vuelta? Aunque sea domingo y no haya nada abierto, podemos ir a tomar el aire.
-¡Sí!
Ambas nos levantamos, cogimos las chaquetas y nos fuimos. Hacía, la verdad, un frío horrible en la calle propia del invierno.
Kira se entretuvo persiguiendo a una paloma blanca que andaba por el suelo, pero al ver a la niña, el ave alzó el vuelo.
-Oh –murmuró Kira.
Sonreí. Entonces, miré hacia otro lado. Mis ojos se encontraron con una persona apoyada en la pared de una tienda, mirando constantemente el reloj, como si esperase a alguien, o esperando a que la tienda se abriese. El problema era su físico…
-¿Pero qué…? –susurré. Kira lo miró también, y se le desencajó la mandíbula. Lo señaló con un dedo tembloroso.
No podía ser. Simplemente…
sábado, 11 de junio de 2011
Capítulo 90 (E)
Por la mañana, fui hacia el salón dónde Jack y su mujer, Amanda, esperaban sentados, junto con sus dos mellizos.
Jack nos contó que se habían conocido en Italia, y se habían casado hace dos años. Damen, por ayudar a su amigo, había hecho inmortal a Amanda dándole de beber su sangre, para que pasara toda la eternidad al lado de Jack. Desde entonces, el líder había mandado a otros Dominios a Italia y Jack se trasladó aquí. Y nos habían dado una gratificante noticia: Amanda estuvo embarazada hace un año. Damen estaba asustado porque no sabía cómo serían éstos: era la primera vez que un Dominio tenía hijos. Pero para la sorpresa de todos, los mellizos eran completamente humanos, normales y corrientes, pero con sangre de ángel en las venas. Tenían un niño, de pelo marrón chocolate como la madre y ojos verdes, y una niña rubita como Jack con los mismos ojos de su hermano y su padre.
Debía decir que últimamente yo no me encontraba bien, y sabía perfectamente por qué, también.
Cuando les llevé los cafés, con Yin Yang –ya bastante viejo- detrás de mí siguiéndome, y me iba a sentar, me entraron arcadas.
-Perdonadme –exclamé mientras iba al baño.
Cuando terminé de revolver, con cuidado me limpié bien y volví al salón.
Jack y Amanda me miraban preocupados. Los mellizos fueron hacia Yin Yang y jugaron con él. Me senté con un suspiro.
-Elisa… -susurró Jack.
-Si me vas a repetir que se lo diga a Damen, lo haré. Pero en otro momento.
Ambos se cruzaron de brazos y fruncieron el ceño. Volví a suspirar.
-¿No crees que se dará cuenta tarde o temprano? –Preguntó Amanda, y me puso una mano en el hombro-. Elisa, no podrás esconderlo siempre.
-Lo sé, Amanda, pero es que tengo miedo de… No sé cómo se lo tomará. No le gustan los niños. ¿Y si no quiere tenerlo? ¿Con que cara le digo que vamos a tener uno?
No dijeron nada. Yin Yang corrió por el salón intentando escapar de los dos monstruitos de un año que le seguían.
-Vamos… prométenos que se lo dirás. O lo haces tú, o lo hago yo.
-Jack, no me hagas esto.
-Tú eliges. ¿Cómo crees que se lo tomará mejor? ¿De ti o de mí?
Apreté los dientes, pero asentí.
-Vale, cuando vuelva, se lo digo.
-Muy bien.
Para mi malísima suerte, oímos el tintineo de unas llaves en la cerradura de la puerta. Ésta se abrió, dejando pasar a Damen y a Kira en su forma de demonio.
Al ver a los niños, Kira se transformó con cuidado, haciendo desaparecer sus alas y cola, pues nadie quería que los mellizos supieran sobre el mundo fantástico en el que estaban metidos.
Cerraron la puerta detrás de ellos.
-¡Hola! –saludaron Jack y Amanda.
Damen sonrió, y les saludó con la cabeza. Los mellizos, al verle, fueron a sus brazos.
-¡Tío Damen! –gritaron.
Éste les dio un breve abrazo y les revolvió el pelo con cariño, mirándome de reojo de vez en cuando. Luego jugaron con Kira. Miré a Jack; éste me indicaba disimuladamente que se lo dijera. Respiré hondo.
-¿Ocurre algo? –Preguntó Damen con el ceño fruncido-. ¿Por qué estáis todos tan callados?
-Damen… tengo que decirte algo –murmuré.
Se cruzó de brazos y respiró hondo. Me hizo una señal con la cabeza para que empezara, pero me paralicé. Alzó una ceja.
-Estoy esperando.
-Yo… hum…
Jack se levantó del sofá.
-Damen, tienes que saber que…
Corrí hacia él y le tapé la boca.
-Tienes que saber que… que… que te tienes… ¡Que te tienes que cortar el pelo! Damen, por favor, pareces un hippie…
Me miró interrogativo. En realidad tenía el pelo perfectamente cortado. Ejem.
Suspiró, y puso los ojos en blanco. Amanda se levantó.
-Bueno, Jack y yo tenemos que irnos ya… ¡Niños! –los mellizos corrieron hacia su madre. Se me hizo un nudo en el estómago-. Hasta mañana, chicos.
Jack me lanzó una última mirada, y los cuatro se fueron.
Jack nos contó que se habían conocido en Italia, y se habían casado hace dos años. Damen, por ayudar a su amigo, había hecho inmortal a Amanda dándole de beber su sangre, para que pasara toda la eternidad al lado de Jack. Desde entonces, el líder había mandado a otros Dominios a Italia y Jack se trasladó aquí. Y nos habían dado una gratificante noticia: Amanda estuvo embarazada hace un año. Damen estaba asustado porque no sabía cómo serían éstos: era la primera vez que un Dominio tenía hijos. Pero para la sorpresa de todos, los mellizos eran completamente humanos, normales y corrientes, pero con sangre de ángel en las venas. Tenían un niño, de pelo marrón chocolate como la madre y ojos verdes, y una niña rubita como Jack con los mismos ojos de su hermano y su padre.
Debía decir que últimamente yo no me encontraba bien, y sabía perfectamente por qué, también.
Cuando les llevé los cafés, con Yin Yang –ya bastante viejo- detrás de mí siguiéndome, y me iba a sentar, me entraron arcadas.
-Perdonadme –exclamé mientras iba al baño.
Cuando terminé de revolver, con cuidado me limpié bien y volví al salón.
Jack y Amanda me miraban preocupados. Los mellizos fueron hacia Yin Yang y jugaron con él. Me senté con un suspiro.
-Elisa… -susurró Jack.
-Si me vas a repetir que se lo diga a Damen, lo haré. Pero en otro momento.
Ambos se cruzaron de brazos y fruncieron el ceño. Volví a suspirar.
-¿No crees que se dará cuenta tarde o temprano? –Preguntó Amanda, y me puso una mano en el hombro-. Elisa, no podrás esconderlo siempre.
-Lo sé, Amanda, pero es que tengo miedo de… No sé cómo se lo tomará. No le gustan los niños. ¿Y si no quiere tenerlo? ¿Con que cara le digo que vamos a tener uno?
No dijeron nada. Yin Yang corrió por el salón intentando escapar de los dos monstruitos de un año que le seguían.
-Vamos… prométenos que se lo dirás. O lo haces tú, o lo hago yo.
-Jack, no me hagas esto.
-Tú eliges. ¿Cómo crees que se lo tomará mejor? ¿De ti o de mí?
Apreté los dientes, pero asentí.
-Vale, cuando vuelva, se lo digo.
-Muy bien.
Para mi malísima suerte, oímos el tintineo de unas llaves en la cerradura de la puerta. Ésta se abrió, dejando pasar a Damen y a Kira en su forma de demonio.
Al ver a los niños, Kira se transformó con cuidado, haciendo desaparecer sus alas y cola, pues nadie quería que los mellizos supieran sobre el mundo fantástico en el que estaban metidos.
Cerraron la puerta detrás de ellos.
-¡Hola! –saludaron Jack y Amanda.
Damen sonrió, y les saludó con la cabeza. Los mellizos, al verle, fueron a sus brazos.
-¡Tío Damen! –gritaron.
Éste les dio un breve abrazo y les revolvió el pelo con cariño, mirándome de reojo de vez en cuando. Luego jugaron con Kira. Miré a Jack; éste me indicaba disimuladamente que se lo dijera. Respiré hondo.
-¿Ocurre algo? –Preguntó Damen con el ceño fruncido-. ¿Por qué estáis todos tan callados?
-Damen… tengo que decirte algo –murmuré.
Se cruzó de brazos y respiró hondo. Me hizo una señal con la cabeza para que empezara, pero me paralicé. Alzó una ceja.
-Estoy esperando.
-Yo… hum…
Jack se levantó del sofá.
-Damen, tienes que saber que…
Corrí hacia él y le tapé la boca.
-Tienes que saber que… que… que te tienes… ¡Que te tienes que cortar el pelo! Damen, por favor, pareces un hippie…
Me miró interrogativo. En realidad tenía el pelo perfectamente cortado. Ejem.
Suspiró, y puso los ojos en blanco. Amanda se levantó.
-Bueno, Jack y yo tenemos que irnos ya… ¡Niños! –los mellizos corrieron hacia su madre. Se me hizo un nudo en el estómago-. Hasta mañana, chicos.
Jack me lanzó una última mirada, y los cuatro se fueron.
sábado, 4 de junio de 2011
Night of Angels: T3 Capítulo 89 (D)
Me escondí en las sombras. Corrí de un lado para otro, asustando a mi presa.
Notaba su miedo y ansiedad, y aunque parezca raro, me gustaba esa sensación. Que me temieran.
Después de todos los seres con los que hemos eliminado yo y mis ángeles, por fin han empezado a acojonarse de verdad. Y cada vez éramos más.
El demonio, que tenía forma de persona normal pero con el pelo teñido de rosa fucsia, corrió por el callejón, persiguiendo a una chica joven.
Cuando ya la tenía acorralada, se abalanzó sobre ella, y justo cuando iba a hacerle daño de verdad, le cogí el cuello del jersey y le estampé contra la pared.
-¿Qué…? –murmuró mirándome con los ojos dilatados del miedo.
Sonreí tétricamente.
-¿No sabes que no se le hace daño a las personas? Porque deberías –lo tiré al suelo de un golpe.
Me acerqué a él y le puse un pie sobre el pecho, impidiéndole incorporarse y respirar. Gimió de dolor.
-¡Basta, por favor! ¡Te juro que…!
De la nada, creé un puñal y se lo clavé en el corazón, sin dejarle explicarse. Ya me conocía demasiado sus trucos. Se desintegró en polvo. Me volví hacia la chica, que estaba encogida en la pared.
-No voy a hacerte daño, pero piénsatelo dos veces antes de ir por callejones oscuros de noche –dije.
-Tú… ¿cómo…? ¿Has… cómo hiciste lo del cuchillo? ¿Qué eres?
-Créeme, no te gustaría saberlo. Y ahora estate quietecita.
Me remangué las mangas de la camisa hasta los codos, le toqué la frente y absorbí sus recuerdos de estos últimos cinco minutos. Luego me largué de allí.
Mientras iba por la calle ausente de personas e iluminada por las farolas, decidí que sería mejor sacar a mi demonio de su sueño. Frené el paso, y cogí el colgante que colgaba de mi cuello.
-Kira, sal –susurré.
El colgante se tornó de un azul cielo y una especie de espíritu salió de él, hasta caer al suelo y convertirse en una niña de diez años con alas de murciélago y cola acabada en flecha.
Me miró con ojos soñolientos, y bostezó, estirándose todo lo que pudo.
-Damen –murmuró-. Ya era hora. Estaba muy aburrida…
Había pasado ya dos años desde que Kira había decidido ser nuestra demonio por voluntad propia, y siempre me ayudaba en las peleas.
-Lo siento, tuve que ocuparme de un asunto.
Empecé a andar otra vez, y Kira me siguió con los brazos cruzados detrás de la espalda, sonriendo ampliamente.
-No se te ve muy contento –dijo al cabo de unos segundos.
Guardé las manos en los bolsillos del pantalón y me encogí de hombros.
-Es por Elisa, ¿verdad?
Suspiré, y asentí.
-Damen, ya sabes que a lo mejor sólo está pasando por un período complicado para ella. Eso que tienen las humanas cada mes… -me reí, y Kira me miró con el ceño fruncido-. No entiendo cómo puede tenerlo si es tan inmortal como nosotros… -se cruzó de brazos, y suspiró.
-No es tan inmortal como nosotros, Kira. Ella sigue siendo una humana normal y corriente, sólo que no envejece.
-Ah.
La miré. Ella también estaba preocupada por Elisa.
Yo lo único que quería era volver a casa. El cansancio me estaba matando.
Notaba su miedo y ansiedad, y aunque parezca raro, me gustaba esa sensación. Que me temieran.
Después de todos los seres con los que hemos eliminado yo y mis ángeles, por fin han empezado a acojonarse de verdad. Y cada vez éramos más.
El demonio, que tenía forma de persona normal pero con el pelo teñido de rosa fucsia, corrió por el callejón, persiguiendo a una chica joven.
Cuando ya la tenía acorralada, se abalanzó sobre ella, y justo cuando iba a hacerle daño de verdad, le cogí el cuello del jersey y le estampé contra la pared.
-¿Qué…? –murmuró mirándome con los ojos dilatados del miedo.
Sonreí tétricamente.
-¿No sabes que no se le hace daño a las personas? Porque deberías –lo tiré al suelo de un golpe.
Me acerqué a él y le puse un pie sobre el pecho, impidiéndole incorporarse y respirar. Gimió de dolor.
-¡Basta, por favor! ¡Te juro que…!
De la nada, creé un puñal y se lo clavé en el corazón, sin dejarle explicarse. Ya me conocía demasiado sus trucos. Se desintegró en polvo. Me volví hacia la chica, que estaba encogida en la pared.
-No voy a hacerte daño, pero piénsatelo dos veces antes de ir por callejones oscuros de noche –dije.
-Tú… ¿cómo…? ¿Has… cómo hiciste lo del cuchillo? ¿Qué eres?
-Créeme, no te gustaría saberlo. Y ahora estate quietecita.
Me remangué las mangas de la camisa hasta los codos, le toqué la frente y absorbí sus recuerdos de estos últimos cinco minutos. Luego me largué de allí.
Mientras iba por la calle ausente de personas e iluminada por las farolas, decidí que sería mejor sacar a mi demonio de su sueño. Frené el paso, y cogí el colgante que colgaba de mi cuello.
-Kira, sal –susurré.
El colgante se tornó de un azul cielo y una especie de espíritu salió de él, hasta caer al suelo y convertirse en una niña de diez años con alas de murciélago y cola acabada en flecha.
Me miró con ojos soñolientos, y bostezó, estirándose todo lo que pudo.
-Damen –murmuró-. Ya era hora. Estaba muy aburrida…
Había pasado ya dos años desde que Kira había decidido ser nuestra demonio por voluntad propia, y siempre me ayudaba en las peleas.
-Lo siento, tuve que ocuparme de un asunto.
Empecé a andar otra vez, y Kira me siguió con los brazos cruzados detrás de la espalda, sonriendo ampliamente.
-No se te ve muy contento –dijo al cabo de unos segundos.
Guardé las manos en los bolsillos del pantalón y me encogí de hombros.
-Es por Elisa, ¿verdad?
Suspiré, y asentí.
-Damen, ya sabes que a lo mejor sólo está pasando por un período complicado para ella. Eso que tienen las humanas cada mes… -me reí, y Kira me miró con el ceño fruncido-. No entiendo cómo puede tenerlo si es tan inmortal como nosotros… -se cruzó de brazos, y suspiró.
-No es tan inmortal como nosotros, Kira. Ella sigue siendo una humana normal y corriente, sólo que no envejece.
-Ah.
La miré. Ella también estaba preocupada por Elisa.
Yo lo único que quería era volver a casa. El cansancio me estaba matando.
domingo, 29 de mayo de 2011
Capítulo 88 (E)
Después del viaje hasta casa, Damen se encontró con una gran sorpresa…
Todos los Dominios estaban tan felices en un bar extraño al que Damen frecuentaba ahora, como si no hubiera pasado nada… Incluso Penny no se lo creía.
Lo mejor de todo fue, que en medio de los ángeles, había uno en especial…
-¡¡¡¡Jack!!!! –gritó Damen sonriente.
Éste se volvió con una copa en la mano, y sonrió. La alzó a modo de saludo.
-Hey.
Damen se lanzó hacia él, despeinándole por completo el pelo con la mano. Jack se quejó.
-¡Ay! ¿Pero qué haces? ¡No sé qué os pasa a todos últimamente, pero vamos, que no es normal!
Damen ignoró su comentario, y sonrió ampliamente. Yo también corrí hacia él, abrazándole.
-¡Jack! –sollocé.
Jack también me abrazó, pero extrañado.
-No sé qué porras os pasa, pero bueno, supongo que…
Damen y yo nos miramos confusos, pero entonces entendimos.
Al acabar con Keiran en el pasado, nada de lo que hizo él en el futuro llegó a ocurrir.
Después de todo esto, ya que nadie recordaba nada, excepto nosotros y Penny, nos fuimos a casa, increíblemente contentos.
Por la noche, Kira, con Yin Yang en brazos, nos pidió expresamente hablar con nosotros.
Sentados en el sofá, Kira se nos acercó con los brazos cruzados detrás de la espalda, con una enorme sonrisa en la cara.
-¿Qué pasa, Kira? –preguntó Damen.
-Hum. ¡Tengo una sorpresa!
-¿Y cuál es? –pregunté con dulzura. Yin Yang maulló, y le acaricié la cabeza. Se ve que Penny se había encargado de él mientras estábamos fuera.
Sacó las manos de detrás de la espalda con los puños cerrados. Los alzó delante de nosotros, y con las muñecas hacia arriba, los abrió. En cada uno, había un collar con un colgante en forma de esfera brillante. Nos tendió uno a cada uno. Los cogimos y los miramos.
-¿Y esto?
-Quiero que ambos seáis mis amos. Así podré ayudaros cuando deseéis, y yo os ayudaré encantada. Anulé mi lazo con mi antiguo amo, que me trataba muy mal, y quiero que vosotros os quedéis conmigo.
Damen y yo nos miramos un poco preocupados, pero parecía que para ella era algo fantástico. Asentí.
-No hay problema, Kira. Seremos tus… esto…
-Amos –completó ella por mí, con una sonrisa-. Si os los colocáis, empezaréis a serlo. Podréis convocarme llamándome por mi nombre, y yo simplemente saldré de los collares y os ayudaré. Así que ya no me hace falta dormir en el cuarto; dormiré en los colgantes.
Ambos nos colocamos los colgantes, y Kira bostezó.
-Hum… puedes… irte a dormir cuando quieras, Kira –dijo Damen.
-Gracias, Damen –dijo, cerró los ojos, y empezó a desvanecerse, convirtiéndose en una especie de espíritu que entró en el colgante de éste. Le miré.
-Vaya, ¿ves? Te dije que no te arrepentirías de tenerla con nosotros.
Puso los ojos en blanco, pero sonrió también.
-Lo que tú digas, mi vida.
Todos los Dominios estaban tan felices en un bar extraño al que Damen frecuentaba ahora, como si no hubiera pasado nada… Incluso Penny no se lo creía.
Lo mejor de todo fue, que en medio de los ángeles, había uno en especial…
-¡¡¡¡Jack!!!! –gritó Damen sonriente.
Éste se volvió con una copa en la mano, y sonrió. La alzó a modo de saludo.
-Hey.
Damen se lanzó hacia él, despeinándole por completo el pelo con la mano. Jack se quejó.
-¡Ay! ¿Pero qué haces? ¡No sé qué os pasa a todos últimamente, pero vamos, que no es normal!
Damen ignoró su comentario, y sonrió ampliamente. Yo también corrí hacia él, abrazándole.
-¡Jack! –sollocé.
Jack también me abrazó, pero extrañado.
-No sé qué porras os pasa, pero bueno, supongo que…
Damen y yo nos miramos confusos, pero entonces entendimos.
Al acabar con Keiran en el pasado, nada de lo que hizo él en el futuro llegó a ocurrir.
Después de todo esto, ya que nadie recordaba nada, excepto nosotros y Penny, nos fuimos a casa, increíblemente contentos.
Por la noche, Kira, con Yin Yang en brazos, nos pidió expresamente hablar con nosotros.
Sentados en el sofá, Kira se nos acercó con los brazos cruzados detrás de la espalda, con una enorme sonrisa en la cara.
-¿Qué pasa, Kira? –preguntó Damen.
-Hum. ¡Tengo una sorpresa!
-¿Y cuál es? –pregunté con dulzura. Yin Yang maulló, y le acaricié la cabeza. Se ve que Penny se había encargado de él mientras estábamos fuera.
Sacó las manos de detrás de la espalda con los puños cerrados. Los alzó delante de nosotros, y con las muñecas hacia arriba, los abrió. En cada uno, había un collar con un colgante en forma de esfera brillante. Nos tendió uno a cada uno. Los cogimos y los miramos.
-¿Y esto?
-Quiero que ambos seáis mis amos. Así podré ayudaros cuando deseéis, y yo os ayudaré encantada. Anulé mi lazo con mi antiguo amo, que me trataba muy mal, y quiero que vosotros os quedéis conmigo.
Damen y yo nos miramos un poco preocupados, pero parecía que para ella era algo fantástico. Asentí.
-No hay problema, Kira. Seremos tus… esto…
-Amos –completó ella por mí, con una sonrisa-. Si os los colocáis, empezaréis a serlo. Podréis convocarme llamándome por mi nombre, y yo simplemente saldré de los collares y os ayudaré. Así que ya no me hace falta dormir en el cuarto; dormiré en los colgantes.
Ambos nos colocamos los colgantes, y Kira bostezó.
-Hum… puedes… irte a dormir cuando quieras, Kira –dijo Damen.
-Gracias, Damen –dijo, cerró los ojos, y empezó a desvanecerse, convirtiéndose en una especie de espíritu que entró en el colgante de éste. Le miré.
-Vaya, ¿ves? Te dije que no te arrepentirías de tenerla con nosotros.
Puso los ojos en blanco, pero sonrió también.
-Lo que tú digas, mi vida.
martes, 24 de mayo de 2011
Capítulo 87 (D)
Después de salir del castillo, fuimos otra vez al centro de ese pequeño y extraño pueblo, dónde todos los pasajeros y los residentes hacían fiestas, bailaban y todas esas cosas, así que nos habíamos ido a un pequeño restaurante y tomamos algo allí, pero en la terraza, para ver a la gente. Kira sonreía cada vez que las luces de las pequeñas farolas parpadeaban, y Elisa también reía con ella.
Cuando pasamos muchísimo rato allí, una chica vestida con vaqueros oscuros, una chaqueta y unas enormes gafas de sol (no tan chulas como las mías, ojo) caminó hacia nosotros mientras sacaba fotos al lugar. Reconocí quién era por su pelo rojizo. Me levanté de mi silla.
Alex paró a nuestro lado, y sonrió con la cámara todavía en las manos.
-Alex –dije.
-¡Hey! Aquí estoy.
-¿Y… qué haces con…? –señalé con la mirada la cámara.
-¿Tú qué crees? ¡Sacar fotos a todo esto! Quiero que Jack se muera de envidia… -miró hacia Elisa, que se había levantado y colocado a mi lado, y luego a Kira-. Hum, veo que os habéis encontrado –me miró-. Menos mal, ya me veía contigo recorrer todo el lugar para encontrarlas.
Me reí, y Elisa y Kira sonrieron.
-Bueno, ¿vamos?
-¿Y qué va a pasar con todas estas personas? –preguntó Elisa, preocupada.
Alex se encogió de hombros mientras se guardaba la cámara en el bolsillo.
-No te preocupes. Volverán al tren y creerán que todo esto es un sueño.
-Hum.
Sonreí. Alex se acercó a la pared del restaurante y creó un Portal del tiempo, tan diferente de los míos. Al terminar, nos indicó con la cabeza que nos metiéramos.
-Venga.
Pasaron primero ellas, luego yo y por último Alex, cerrándolo.
Caímos en el internado de ésta, en los jardines delanteros, dónde nos esperaban Jack, Leo y otros hombres vestidos de negro que no reconocía.
Alex fue directamente a los brazos de Jack, enseñándole la cámara con una sonrisa burlona.
-Mira lo que tengo y tú no –dijo medio cantando con voz de niña.
Jack le sonrió con ternura y le dio un beso en los labios.
Desvié la mirada, y me encontré con la de Elisa. Se ruborizó violentamente, y yo sonreí con sorna. Me acerqué a ella y también la besé, un beso un poco más largo que el de Alex y Jack.
Al separarnos, les miré.
-Hey, aquí todos podemos jugar –dije.
Me miraron con las cejas alzadas, y se rieron. Abracé a Elisa.
-Bueno, entonces ya está todo, ¿no? –Dijo Jack, y miró a Alex-. ¿Hace falta que te vayas más?
-No, tranqui. Aquí me quedo.
-Bien, pues será mejor que volvamos a casa –dije, pero reparé en una cosa-. ¿Y Penny?
-La volvimos a llevar a casa…
-Bien. Yo creo que ya tuvimos suficiente por un tiempo…
Elisa cogió la mano de Kira y los tres subimos a mi coche. Cuando cerré la puerta, bajé la ventanilla tintada para ver la cara de esos dos.
-Hum… Damen, creo que… -empezó Alex, miró a Jack, y éste, al sonreír, negó con la cabeza. Ella sonrió y se encogió de hombros-. Bueno, ya verás. ¡Hasta que nos veamos! Que si no me equivoco será dentro de poco…
-Sí –contesté, y sonreí-. Hasta pronto.
-Chao.
Subí la ventanilla y arranqué el coche. Elisa me miró.
-¿Cómo que os volveréis a ver? –preguntó con curiosidad. Yo sonreí.
-Te lo diré cuando llegue el momento, lo juro.
Puso los ojos en blanco, y miró por la ventana. Pero yo me puse a pensar en lo que Alex me iba a decir pero no dijo…
Cuando pasamos muchísimo rato allí, una chica vestida con vaqueros oscuros, una chaqueta y unas enormes gafas de sol (no tan chulas como las mías, ojo) caminó hacia nosotros mientras sacaba fotos al lugar. Reconocí quién era por su pelo rojizo. Me levanté de mi silla.
Alex paró a nuestro lado, y sonrió con la cámara todavía en las manos.
-Alex –dije.
-¡Hey! Aquí estoy.
-¿Y… qué haces con…? –señalé con la mirada la cámara.
-¿Tú qué crees? ¡Sacar fotos a todo esto! Quiero que Jack se muera de envidia… -miró hacia Elisa, que se había levantado y colocado a mi lado, y luego a Kira-. Hum, veo que os habéis encontrado –me miró-. Menos mal, ya me veía contigo recorrer todo el lugar para encontrarlas.
Me reí, y Elisa y Kira sonrieron.
-Bueno, ¿vamos?
-¿Y qué va a pasar con todas estas personas? –preguntó Elisa, preocupada.
Alex se encogió de hombros mientras se guardaba la cámara en el bolsillo.
-No te preocupes. Volverán al tren y creerán que todo esto es un sueño.
-Hum.
Sonreí. Alex se acercó a la pared del restaurante y creó un Portal del tiempo, tan diferente de los míos. Al terminar, nos indicó con la cabeza que nos metiéramos.
-Venga.
Pasaron primero ellas, luego yo y por último Alex, cerrándolo.
Caímos en el internado de ésta, en los jardines delanteros, dónde nos esperaban Jack, Leo y otros hombres vestidos de negro que no reconocía.
Alex fue directamente a los brazos de Jack, enseñándole la cámara con una sonrisa burlona.
-Mira lo que tengo y tú no –dijo medio cantando con voz de niña.
Jack le sonrió con ternura y le dio un beso en los labios.
Desvié la mirada, y me encontré con la de Elisa. Se ruborizó violentamente, y yo sonreí con sorna. Me acerqué a ella y también la besé, un beso un poco más largo que el de Alex y Jack.
Al separarnos, les miré.
-Hey, aquí todos podemos jugar –dije.
Me miraron con las cejas alzadas, y se rieron. Abracé a Elisa.
-Bueno, entonces ya está todo, ¿no? –Dijo Jack, y miró a Alex-. ¿Hace falta que te vayas más?
-No, tranqui. Aquí me quedo.
-Bien, pues será mejor que volvamos a casa –dije, pero reparé en una cosa-. ¿Y Penny?
-La volvimos a llevar a casa…
-Bien. Yo creo que ya tuvimos suficiente por un tiempo…
Elisa cogió la mano de Kira y los tres subimos a mi coche. Cuando cerré la puerta, bajé la ventanilla tintada para ver la cara de esos dos.
-Hum… Damen, creo que… -empezó Alex, miró a Jack, y éste, al sonreír, negó con la cabeza. Ella sonrió y se encogió de hombros-. Bueno, ya verás. ¡Hasta que nos veamos! Que si no me equivoco será dentro de poco…
-Sí –contesté, y sonreí-. Hasta pronto.
-Chao.
Subí la ventanilla y arranqué el coche. Elisa me miró.
-¿Cómo que os volveréis a ver? –preguntó con curiosidad. Yo sonreí.
-Te lo diré cuando llegue el momento, lo juro.
Puso los ojos en blanco, y miró por la ventana. Pero yo me puse a pensar en lo que Alex me iba a decir pero no dijo…
sábado, 14 de mayo de 2011
Capítulo 86 (D)
-Damen –Susurró Elisa-. ¡Damen!
Soltó la espada, que cayó al suelo en un golpe sordo, y empezó a temblar violentamente.
Me asusté. Pensé que le había pasado algo bastante grave.
-Elisa, ¿estás… estás bien?
-Estuve… estuve a punto de… de matarte… -balbuceó.
La cogí de un brazo y la atraje hacia mí, presionándola contra mi pecho con fuerza. Temía que se desvaneciera… o algo. Ella empezó a llorar.
-Ssshh… Va, venga, tranquila, ya está –la consolé.
-¡Casi te mato! –dijo desesperada y con voz temblorosa.
-Ya pasó, amor –murmuré.
Kira consiguió soltarse del hombre que la tenía agarrada y corrió hacia nosotros.
-¡Damen, Elisa!
La miramos, y la abrazamos también, colocándola entre nosotros.
Entonces recordé a Kerian.
-Cógela –le susurré a Elisa, refiriéndome a Kira.
Ella asintió y la cogió en brazos, mientras yo me separaba de ellas. Cogí la espada del suelo y me acerqué a esa asquerosa rata.
Él retrocedió hasta chocar contra la pared, sin quitar el ojo de la espada.
-Hum… Damen, podemos hablar, ya sabes –al ver que yo no reaccionaba, empezó a gritar-. ¡Chicos, cogedle!
Pero ninguno se movió. Estaban paralizados por mí.
-No pueden moverse, Keiran. Y ahora vas a saber lo que es la venganza fría de verdad –le agarré del cuello-. Hum, y tranquilo, le diré a tu hermana que le mandas recuerdos.
Él tragó saliva.
-Da igual. Devon acabará contigo tarde o temprano.
Alcé una ceja ante la mención de Devon, pero le atravesé la hoja por el corazón.
Me aparté casi enseguida de él, y cayó al suelo, ya muerto.
Era demasiado débil. No podía haber hecho todo lo que hizo él solo.
Y sabía perfectamente quién le había ayudado.
-Damen…
Me volví al escuchar la voz de Elisa.
Estaba tapando los ojos de Kira con una mano, para que no viera la escena. Mejor.
Me acerqué a ellas, y le di un beso a Elisa. Al momento hice que le aparecieran unas bailarinas blancas en los pies.
-Vamos, salgamos de aquí.
Según mis cálculos, nos quedaba medio día para que Alex volviera a por nosotros.
Soltó la espada, que cayó al suelo en un golpe sordo, y empezó a temblar violentamente.
Me asusté. Pensé que le había pasado algo bastante grave.
-Elisa, ¿estás… estás bien?
-Estuve… estuve a punto de… de matarte… -balbuceó.
La cogí de un brazo y la atraje hacia mí, presionándola contra mi pecho con fuerza. Temía que se desvaneciera… o algo. Ella empezó a llorar.
-Ssshh… Va, venga, tranquila, ya está –la consolé.
-¡Casi te mato! –dijo desesperada y con voz temblorosa.
-Ya pasó, amor –murmuré.
Kira consiguió soltarse del hombre que la tenía agarrada y corrió hacia nosotros.
-¡Damen, Elisa!
La miramos, y la abrazamos también, colocándola entre nosotros.
Entonces recordé a Kerian.
-Cógela –le susurré a Elisa, refiriéndome a Kira.
Ella asintió y la cogió en brazos, mientras yo me separaba de ellas. Cogí la espada del suelo y me acerqué a esa asquerosa rata.
Él retrocedió hasta chocar contra la pared, sin quitar el ojo de la espada.
-Hum… Damen, podemos hablar, ya sabes –al ver que yo no reaccionaba, empezó a gritar-. ¡Chicos, cogedle!
Pero ninguno se movió. Estaban paralizados por mí.
-No pueden moverse, Keiran. Y ahora vas a saber lo que es la venganza fría de verdad –le agarré del cuello-. Hum, y tranquilo, le diré a tu hermana que le mandas recuerdos.
Él tragó saliva.
-Da igual. Devon acabará contigo tarde o temprano.
Alcé una ceja ante la mención de Devon, pero le atravesé la hoja por el corazón.
Me aparté casi enseguida de él, y cayó al suelo, ya muerto.
Era demasiado débil. No podía haber hecho todo lo que hizo él solo.
Y sabía perfectamente quién le había ayudado.
-Damen…
Me volví al escuchar la voz de Elisa.
Estaba tapando los ojos de Kira con una mano, para que no viera la escena. Mejor.
Me acerqué a ellas, y le di un beso a Elisa. Al momento hice que le aparecieran unas bailarinas blancas en los pies.
-Vamos, salgamos de aquí.
Según mis cálculos, nos quedaba medio día para que Alex volviera a por nosotros.
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