¡¡Cazadores de Sombras: Ciudad de ángeles caídos!! *¬*

martes, 31 de agosto de 2010

Capítulo 37 (E)

Cuando entré por la puerta, vi primero a Damen, de pie en medio del despacho, y a Devon sentado en su sillón.
-Damen –dije casi sin aliento. Había subido ochenta y siete pisos por las escaleras corriendo, ya que el ascensor estaba estropeado-. Espera.
-¿Elisa? –preguntó sorprendido. Me miraba como… como sorprendido, pero no por lo obvio, si no por otra cosa…
Devon se levantó y aplaudió.
-¡Bravo, Elisa! ¡Increíble! En realidad me acabas de sorprender, pero sabía que lo harías.
Le miré ceñuda, lo mismo que Damen.
-¿Cómo? –preguntó éste.
-¿Quieres que seamos sinceros, Damen? Bien. Sabía perfectamente que Elisa vendría –me miró-. La verdad es que lo dudaba un poco, pero después de que recordaras sería imposible de que no vinieras corriendo a por tu chico.
Damen parpadeó al escuchar las últimas palabras de Devon.
-¿Tú lo sabías…? –pregunté anonadada.
-¿Qué te creías? Pues claro. Lo supe desde el principio.
-Esperad. Yo me perdí. ¿De qué estáis hablando? –Damen miró hacia mí, y alzó las cejas-. ¿Ya… has recordado tu pasado?
Asentí sin poder decir nada más. Me demoraba entre decírselo o no. Devon decidió por mí.
-¿Es que no tenías pensado decírselo, Elisa?
-¿Decirme el qué? –Damen me miró y luego a él.
-Adelante, Kate.
Dejé de respirar, y por la cara de Damen, no fui la única. Me miró despacio, sin responder. Se volvió tan pálido como su pelo, y me miraba de hito en hito.
-¿K… Kate? –balbuceó-. ¿Có… cómo… cómo que Kate?
Damen nunca balbuceaba o vacilaba. Él siempre era directo, pero esta vez parecía como si le hubiesen abofeteado. O que le iba a dar un ataque.
No. Parecía vulnerable. Y eso era grave, ya que él nunca en la vida dejaría que los demás creyesen que era débil.
-¿Cómo puedes ser tú? ¿Cómo no pude darme cuenta?
-Damen, escucha…
-Tú sabes… cuánto… ¿sabes cuánto he esperado este momento… y ahora que ha llegado, no sé qué decir ni qué hacer? –No dejaba de mirarme, asegurándose que lo que veían sus ojos era real-. Me dejaste. Después de todo lo que hice por ti, me abandonaste. ¡Sufrí por ti, y tú me lo pagaste así!
-¡No te dejé! Damen, ¡no sabía que te habían castigado, y ni siquiera sabía que querías… seguir conmigo! ¡No lo sabía!
-¡¿Cómo no ibas a saberlo?! ¡¡Lo eras todo para mí, todo, y lo que más me jode –me encogí ante la palabrota- es que después de todo lo que me has hecho, todavía lo eres!! ¡Eres… eres la única persona capaz de hacerme caer de rodillas, de hacer que me ruborice, de que me entre un escalofrío cuando pronuncias mi nombre, la única! ¡¿Cómo no iba a querer que siguieras a mi lado?! ¡¿Quién…?!
Después del medio shock que sufrí al escuchar todas esas palabras, miré a Devon con ojos entrecerrados. Damen siguió la dirección de mi mirada.
-Devon… Sabía que no eras de fiar –masculló.
-¿Y qué te esperabas?
-Pero si nos separaste tú –dije-, ¿por qué hiciste a Damen mi ángel? ¿Y cómo sabías lo de mis recuerdos? ¿Qué sabes tú de todo esto?
-Lo sé todo. Soy omnisciente en tu caso, Elisa. Fui yo quien provocó el accidente. Fui yo quién te dejó en coma dos años y fui yo quién te lo quitó todo, como tus recuerdos. E incluso lo intenté con los de Damen, pero no fui capaz completamente.
-¿Por qué? –preguntó Damen.
-Lo tuyo Damen, de verdad fue extraño. Nunca me había pasado lo que a ti. Intenté quitarte todos los recuerdos como a ella, pero sólo pude la mitad. Por eso no la reconociste desde el principio, ni tampoco su nombre completo. Pero sabías que existía, y todo en lo referente a ella –frunció el ceño, frustrado-. Supongo que tu mente se negaba profundamente a olvidarse de ella, y no eres el único –miró hacia mí-. Intenté borrarte de la memoria de toda la ciudad, pero me fue imposible, y como Damen, saben de tu existencia, pero no recuerdan cómo eres exactamente. Supongo que dejas huella en cualquiera. Lo único que quiero es acabar con tu vida, Elisa. Sólo debes de saber eso. Y estoy dispuesto a hacerlo ahora.
Damen avanzó hasta a mí, protegiéndome.
-Ni se te ocurra, Devon, o me las pagarás.
En su voz podía reflejarse toda la rabia contenida de todos estos años. Estaba segura que uno de los motivos por su enfado es que creía que le había abandonado.
Y yo que le había reprochado hacía dos meses que me había ido:

“-Emmm...bueno, en realidad sí que perdí a alguien, pero no como imaginas. Ya te he hablado de ella.
-Kate, ¿no? -asintió con pesar.
-Ojalá... si sólo me hubiera esforzado un poco más... ahora mismo podría tenerla a mi lado, abrazarla... -se dio cuenta de lo que decía, y carraspeó-. Bueno, no, quiero decir... -suspiró-. Quiero decir que ojalá no la hubiera perdido. Emmm... pero bueno, da igual.
-¿Te has... enamorado alguna otra vez de otra chica? -pregunté con voz dulce. No quería herirle.
-No -dijo mientras negaba con la cabeza-. Normalmente son ellas las que se enamoran de mí, pero yo... no soy capaz -chasqueó la lengua con rabia-. Ni siquiera sé porqué te estoy diciendo esto. No es de tu incumbencia, idiota.
Bufé.
-Pues vale. Dios, no me extraña que ella se fuera. ¡No te aguanta ni tu madre! -me acosté en la cama, y apagué la luz-. ¡Buenas noches!
”

Y él no me había respondido. Cada vez que lo recordaba se me rompía el corazón en trocitos…
Qué equivocada estaba.
-Vamos, Damen, ella te dejó, dos veces, ¿y todavía quieres protegerla? No seas ridículo.
Damen apretó los dientes, pero no dijo nada. Entonces una sombra apareció en el cielo nublado, y se estrelló contra el cristal ya medio roto, rompiéndolo completamente.
Era una especie de pájaro, pero completamente negro. Me buscó con la mirada, y al encontrarme, abrió el pico y me amenazó.
Damen me cogió de la mano, un poco tembloroso, y salimos por la puerta hacia las escaleras. Mientras bajábamos corriendo, él cogió su móvil y llamó a Jack.
-¡Jack, ir todos a la sala del Portal, ya! –gritó.
Colgó y se lo guardó. Como la oficina era de cristal, podíamos ver como el pájaro bajaba como nosotros, pero afuera.
Al final llegamos a la planta -1º, la habitación del Portal. Para mi sorpresa, Jack, Jonan, Brad, Andrew, Cecil y Susan estaban ya allí, esperando.
Al vernos aparecer sin aliento por allí, se sorprendieron.
-¿Qué…? –dijo Andrew.
-¡Meteos en el Portal, corred! ¡A casa de Adalia!
Todos asintieron y nos fuimos metiendo. Podía oír el “rugido” del pájaro desde allí, pero luego me metí con los demás, en dirección a la casa.

viernes, 27 de agosto de 2010

Capítulo 36 (E)---(D)

Devon se llevó a Damen del juzgado, y todos, un poco trastornados, se fueron de allí. Pero yo me quedé sentada, temblando. Sobre todo pensando en todo lo que me había olvidado. Jack me puso una mano en el hombro.
-Elisa, vamos –me zarandeó con suavidad-. ¿Elisa?
-Jack –le miré con ojos asustados. Él se puso nervioso.
-¿Te encuentras bien?
Susan y los demás me miraron al escuchar el tono preocupado de Jack.
-¿Qué le pasa? –preguntó Jonan.
Ellos seguían preguntando, pero dejé de escucharles cuando empecé a recordar más cosas.
Cómo me había encontrado con Damen la primera vez, como me contó hace tiempo. En la playa. Yo me dirigía hacia el agua cuando lo encontré inconsciente, mojado por las pequeñas olas, y con sus alitas pequeñas y blancas asomando en su espalda. Y me había explicado todo. Lo más curioso es que sólo lo veía yo, ya que no había más niños en esa playa… Cuando me caí del columpio en la casa de campo de mi abuela con siete años. Había empezado a llorar como loca, y Damen fue el único que consiguió consolarme, contándome un cuento y cantándome la canción de “Había un barquito chiquitito”. Nuestro primer beso… Lo más bonito que recuerdo de mi corta vida. Cuando me compuso una canción con la guitarra… O cómo se sonrojó la primera vez que me llamó “cariño” sin querer en vez de mi nombre, o cuando se había puesto celoso al darme un niño de mi clase una carta de amor... y él me había escrito otra más larga y sin duda más bonita, y que me había leído personalmente. Incluso cuando me presentó a todos al llevarme a Saints la primera vez. Me había encariñado con todos ellos, y ellos, conmigo.
Y el por qué Damen era el único que me llamaba Kate. Mi nombre completo es Elisabeth Katherine, y como todo el mundo me llamaba Elisa, él quiso ser una persona más importante en mi mundo y decidió llamarme Kate. El caso es que no entendía por qué él no recordaba que mi primer nombre era Elisabeth. Ni por qué no me reconoció.
Empecé a temblar. Ese niño, ese chico al que amaba tanto que incluso me dolía, iba a ser desterrado de su mundo, y todo por mi culpa.
Apreté los puños y me levanté con decisión.
-¿Estás…?
-Sí, estoy bien –interrumpí con la voz algo irritada por la monótona pregunta-. Tengo que irme –salí de allí en dirección al edificio Celeste.

(D) Devon me había llevado a su despacho, en Celeste. En realidad todo me daba igual ya.
¿De qué me servía vivir ahora mismo? No tenía a la mujer que amaba, ni a la chica, la única después de Kate que se había metido en mi corazón, que se había ido. No me dejaban ir junto mis amigos, e iba ser desterrado del mundo que en general conocía.
Al pasar, cerré la puerta detrás de mí. Devon se sentó en su sillón, detrás del escritorio, y yo me quedé de pie, en medio de la sala. No miraba a nada en concreto.
Empezó a hablar:
-Damen… Siento mucho todo esto, en serio, pero…
-Deja de mentir para quedar bien, Devon –le miré con una sonrisa arrogante-. Seamos sinceros. Tú estás encantado de que me convierta en un ángel caído. Pero tranquilo, estoy acostumbrado a que la gente me odie. No es nada nuevo.
Devon me sonrió, y sacudió la cabeza.
-Ay… Damen, sin duda tienes una inteligencia brillante, y creo que te echaré de menos.
-Ya, claro, sobre todo tú.
-Pues…
Sus palabras fueron apagadas por el repiqueo de unas zapatillas de deporte que subían las escaleras del último piso a toda velocidad. Entonces la puerta se abrió.
Sentí como el mundo se me caía encima. Elisa estaba encorvada, con una mano apoyada en el marco de la puerta y la otra en su rodilla.
Qué mayor estaba. Y qué guapa.
Entonces, en una milésima de segundo, me vino el rostro de Kate a la cabeza, y era muy parecido…
Elisa intentaba respirar, con dificultad. Se recuperó al momento.
Pero yo todavía no me había recuperado.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Doble capítulo

-Capítulo 34 (E)

Había pasado un año y medio. Ya estudiaba en segundo de bachillerato y estaba a medio trimestre. Y dentro de poco me iría a la universidad. Estaba muy contenta, porque mis notas mejoraban cada vez más, y además me alegraba de que Susan siguiera conmigo, ya que las demás habían repetido curso. Salvo que a veces, cuando miraba el sofá de mi habitación vacío, sin Damen sonriendo de forma burlona o sus bromas… Lo echaba de menos. Incluso alguna vez no pude soportarlo y lloré.
De todos modos, para mí era casi todo perfecto.
Hasta que recibí la noticia.
Acabábamos de salir del instituto, y yo me quedé a comer a casa de Susan. En el camino hablamos:
-Elisa, es el tercer tío al que rechazas. ¿Se puede saber por qué? Además que este… mal no estaba.
Suspiré.
-Por ahora nada de chicos. No me interesan.
-Hum… ¿No será que te gusta uno…?
-Puede.
Susan me miró, y cayó en la cuenta. Desvió la mirada.
-Sabes que ya no…
-Ya lo sé, Susan. No pasa nada –sonreí con tristeza-. Bueno, ¿y qué tiene preparado tu abuela para comer?
Susan sonrió. Cambiar de tema me iría bien. Al llegar, Adalia nos recibió entusiasmada y comimos. Luego fuimos al jardín trasero, dónde tenían el estanque con peces japoneses y demás. Nos sentamos en la hierba. Empezamos a hablar de temas diversos.
-Y bueno, pero por lo menos… -dijo Susan, pero se interrumpió porque ambas escuchamos ruidos raros.
Miramos al interior de la casa.
-No puede ser la abuela. Se acaba de ir a la tienda…
-A lo mejor fue un gato o algo…
Delante nuestra, encima del estanque, apareció un agujero suspendido en el aire. El corazón me empezó a latir con furia. Supongo que en el fondo de mi corazón creía que podría ser Damen, pero la realidad acabó con ese pensamiento.
Era un Portal, y de él salió Jack, que sin darse cuenta de que estaba en el aire, cayó de bruces contra el agua.
-¡Jack! –gritamos al unísono.
Nos levantamos, y él también, completamente mojado. Los peces se asustaban de él. Salió del estanque y miró su ropa. Suspiró y se volvió hacia nosotras.
-Da igual.
-¿Qué… qué haces aquí? –preguntó Susan.
-Elisa, es Damen.
Un escalofrío me recorrió la espalda. Le había pasado algo, estaba segura.
-¿Qué le…? -tragué saliva. Me temblaba la voz-. ¿Qué le pasó?
-Le han sometido a juicio.
-¿A juicio? –no entendía.
Susan miró con horror a Jack.
-¡¿Un… un juicio?! -la miró.
-Sí, y el problema es que tiene todas las de perder.
-Esperad, esperad. ¿Qué… qué tiene de malo un juicio? –pregunté.
-Brad me lo explicó –dijo Susan-. El juicio se utiliza para condenar a un ángel problemático de si debe… ser expulsado.
-¡¿Cómo?!
-Sí –Jack también estaba nervioso-. Como dijo Susan, Damen podría ser expulsado y… bueno, convertirse en… en un ángel caído –me horroricé-. Todos los ángeles tememos eso. Antes de expulsarnos del cielo, somos presentados ante la Inquisición, que lo presiden los arcángeles. Y te arrancan las alas. Luego te condenan a vagar por el mundo, siempre inmortal, pero ya no puedes sentir ni nada parecido. Serás como un humano, pero odiado por los tuyos eternamente.
-Pe… pero… pero…
No podía hablar. Ni respirar. Estaba segura de que me iba a desmayar del susto.
-¿Y cuando… cuando… lo van a…?
-Mañana a primera hora... -se le fue apagando la voz.
Era comprensible; aunque Damen no sea lo que se dice el mejor en el tema de la amistad, era su mejor amigo.
Asentí sin pensármelo dos veces. Miré a Susan, que también asintió.
-Vamos –dije decidida.
Jack sonrió débilmente y suspiró aliviado. Creó un portal y los tres nos metimos.

-Capítulo 35 (E)

Aparecimos en el piso del Portal del edificio Celeste, pero…
La ventana estaba rota. Salimos por el pasillo, y el ascensor igual. Así que subimos por las escaleras hasta la planta 0º. Nos fuimos hacia la casa de los chicos. Al entrar, nos encontramos a todos nerviosos. Se sorprendieron de vernos.
-¡Elisa, Susan! ¡Cuánto tiempo! –dijo Andrew con las cejas alzadas.
-Sí… Venimos por el juicio.
-Nos lo imaginábamos –contestó Jonan.
Incluso Cecil parecía nervioso.
-Vaya, Cecil, no sabía que le tenías aprecio a Damen –comentó Susan.
-No es por eso. Vale que le odie, pero es que no le deseo a nadie que le sometan a ese juicio. Es demasiado.
Ambas asentimos. Era comprensible.
-¿Y dónde está?
-En prisión. Hasta mañana, no puede salir.
Me horroricé. ¡¿En prisión...?!
Suspiré.
Por la noche, me quedé a pensar. ¿Y si ya no… se acordaba de mí? Vale, eso es improbable. Pero la confianza que teníamos seguramente se fundió con los años. De repente tuve miedo. Miedo de que le pasara algo, de que le condenaran, incluso miedo por mis fuertes sentimientos hacia él, que aunque al parecer el cuerpo de Damen era para prácticamente todas las chicas, su mente y corazón sólo pertenecían a esa maldita Kate.
Los celos me reconcomieron por dentro,pero sin embargo me quedé dormida.

Por la mañana, Jack nos levantó temprano para que pudiésemos ir los primeros al juzgado. Estaba seguro de que iba a ir todo Saints, por eso nos dimos prisa.
A los pocos minutos, ya estábamos todos fuera en camino hacia allí. Era un edificio enorme, que brillaba como un diamante, y que estaba un poco apartado de los demás. Entramos dentro, seguidos de más gente que iba a presenciar el juicio. Nos sentamos en las primeras filas.
Y entre el completo bullicio de toda la ciudad, apareció él, acompañado de dos guardias. Pero no tenía expresión de miedo, ni asombro, ni nervios… nada, absolutamente nada. Inexpresivo.
Lo llevaron al centro del juzgado, y el juez –un ángel superior- dio un golpe con el mazo.
-A ver… silencio. ¡Silencio!
Todo el mundo calló. Y empezó. Pero Damen empezó a hablar antes. Como siempre, fastidiándola.
-Perdone. ¿Nos hemos visto antes?
-Chico, claro que me has visto. ¿Acaso no lo recuerdas?
-Oh… Disculpe por olvidarme de su rostro. Es que al ver tanto mi maravillosa cara en el espejo se me olvidan las demás.
El juez apretó la mandíbula, ignorando su egocéntrico comentario como un caballero.
-Ángel guardián Damen, ¿sabes lo que has hecho?
-Sí, señoría. Destrozar Saints, pero…
-¿Y el motivo?
-Intentaba escapar de…
-¿Intentabas escapar? ¿No sería que estabas jugando tranquilamente y decidiste que, por qué no, acabar con los edificios de la ciudad por pura diversión?
-Yo no he dicho eso.
-No, pero lo has insinuado.
-Eso no es cierto. Sólo porque usted haya malinterpretado…
-¿Me estás diciendo que me equivoco?
-Si eso implica a un viejo y estúpido que se cree un dios sólo por llevar túnica y un mazo, entonces sí, se equivoca.
Todo el mundo se quedó con la boca abierta. Jack se llevó una mano a la frente. Cecil masculló algo que sonaba a “imbécil”, y los demás se exasperaban.
-¿Ha insultado a mi persona?
-Sí, así es. Pero sólo porque usted…
-¡Déjalo! Muy bien, Damen. ¿Saben tus padres que estás aquí?
-¿A usted qué le parece? Claro que no. Pero no me ponga esa cara. Mis padres me hicieron con mucho, mucho, mucho amor. Con sólo ver mi cara ya se nota.
-Insultar al juez, por si no lo sabes, se considera delito.
-¡¿Cómo?! Pero…
-Damen, serás expulsado del cielo en mi nombre y en el de todos los presentes. Te arrebataremos las alas en el nombre del arcángel Gabriel y estarás toda la eternidad y más vagando por el mundo.
Y dio un golpe con el mazo. Me asusté. Me asusté mucho. Uno, porque a Damen lo iban a desterrar del cielo, y dos…
Porque acababa de recordar algo de mi pasado. Y cuando empezaba a recordar ese algo, recordaba más cosas.
Hasta que me di cuenta de qué significaba realmente Damen para mí, y quién era yo en realidad.
Yo era Kate.

domingo, 22 de agosto de 2010

Capítulo 33 (D)

-¡Aaaaah! –gritó mi protegida.
Estaba a punto de caer por un barranco con el coche. Entonces la salvé. La volví a dejar en la carretera, mientras esperaba a que una persona la viera. Una familia la vio y llamaron a una ambulancia. Entonces creé un Portal y me fui. Llegué al edificio Celeste en poco tiempo, y después de guiñarle el ojo a la guardiana del Portal, me dirigí a casa. Al entrar, me topé con Jack. Tenía los brazos cruzados, el ceño fruncido y mi móvil en la mano.
Le saludé con la mano, y le sonreí.
-¡Hola! Vaya, sabía que era irresistible, pero tanto como para que un hombre espere por mí… Cada día me supero.
Jack respiró hondo.
-¿Sabes cuántas chicas te han llamado desde que estás fuera?
-No. ¿He superado mi récord?
-Con creces. Quince, Damen. ¡Quince en sólo dos días! ¿Pero en qué estás pensando?
-Bueno, ahora mismo pensaba en la secretaria de la oficina de Celeste. Pero si te refieres a antes, pues…
-¡¿Estás loco?! ¿No ves que esas chicas se han enamorado de ti?
-Tranquilo, ya sabes lo que dicen. ¿Por qué hacer feliz a una cuando puedes hacer felices a todas?
-Estás haciendo lo mismo que cuando Kate se fue, Damen. Pero esta vez con Elisa.
Apreté la mandíbula, y aparté la mirada.
-No seas ridículo. Ha pasado un año y medio desde que se fue. Y no me hacía falta superarlo, porque nunca tuve que hacerlo.
Subí a mi habitación. Todo esto era ridículo. Pero lo ignoré.
El problema fue por la noche. Era una de las noches en las que me transformaba en dragón. Así que antes de que dieran las doce en punto, salí de casa y esperé. Entonces cambié. Por suerte no había nadie por la calle, así que no había problema de si me descubrían. De todos modos, todos los ángeles sabían de mi castigo.
Entonces escuché. Siseos y ruidos. Cuando miré hacia el cielo, me horroricé.
Pequeños murciélagos como los que persiguieron a Elisa hace tiempo se dirigían hacia aquí, a Saints.
Más concretamente hacia mí. Cogí carrerilla y empecé a volar. Los murciélagos me siguieron por toda la ciudad, pero tuve descuidos. Cuando miré hacia atrás, no me seguían. Me extrañé. Volví a mirar hacia delante, y ahí estaban, así que me di media vuelta y me choqué contra un edificio. Empezaron a acorralarme, y volví a chocar contra otro; y así hasta que finalmente, sin poder frenar, me choqué contra el edificio Celeste.
Esto iba a ser grave.
Alejé a los murciélagos de allí y me deshice de ellos.
Cuando llegó el amanecer, volví a mi forma normal. Pero los ángeles estaban como locos. Veían los edificios destrozados por mi culpa, pero lo que de verdad les enfadó fue el destrozo de Celeste. Me acerqué allí, pero sólo porque era el único camino para llegar a casa.
Sin embargo, cuando pensé que me iba a librar gracias a la gente que había allí y me tapaba, alguien me cogió del brazo. Me volví, pero era un guardia. Le sonreí.
-Holaaaa… ¿Todo bien?
-Devon te busca. Y está muy cabreado contigo.
Chasqueé la lengua.
-Venga, que aquí todos somos amigos. Qué te parece si me sueltas…
Sacudió la cabeza y me arrastró hasta la puerta principal del edificio, dónde me esperaba Devon. Jack, Brad, Cecil, Jonan y Andrew se colocaron detrás de mí.
El guardia me soltó.
-Aquí está, señor.
-Damen… -tenía los puños apretados, y me miraba con fuego en los ojos.
-¿De qué te sorprendes? Además…
-¡Calla! ¡¿Eres consciente de lo que acabas de hacer?! ¡Mira todo este desastre!
-Lo sé, pero…
-¡De pero nada! Esto es más de lo que puedo aguantar. Sabes que siempre soy tolerante, pero esto es demasiado. Te voy a someter a juicio.
Todo el mundo lanzó un grito ahogado.
Una sensación de desasosiego me recorrió el cuerpo. ¿Un juicio?
Jonan intervino, colocándome una mano en el hombro.
-Devon, sus razones tendrá para haber hecho esto…
-No, Jonan, olvídalo. Se acabó. Lo siento Damen, pero esto fue la gota que colmó el vaso. Será dentro de dos días.

jueves, 19 de agosto de 2010

Capítulo 32 (D)---(E)

Antes de que se marchase, Elisa me besó en la mejilla. Parece una tontería, pero cuando sentí sus labios cálidos en mi piel, un escalofrío me recorrió la espalda. Entonces me derrumbé.
Cuando se iba a marchar al Portal, a su casa, en ese mismo momento pensé que podría con ello. Podría resistir que se fuera. Pero ese beso lo estropeó todo. Ahora sabía que ya no podría con ello.
Sinceramente me demoré entre seguirla o no. Al final me decidí que no. Elisa merecía tener una vida, una vida normal. Sin que yo interfiriera para nada. Seguiría buscando el paradero de Kate, y así podría distraerme.
Kate… Un dolor agudo me inundó el pecho. No recordaba cuánto la echaba de menos. Sus besos, sus abrazos… Incluso juraría que tenía dos nombres en realidad, pero mi memoria estaba medio borrosa. Me fui rápidamente de allí, antes de hacer algo que me avergonzara más tarde. Bajé en el ascensor y me fui a dar un paseo por la ciudad.

(E) Caí sobre el césped. Pero esta vez me dolió mucho porque caí encima del estómago. Pero lo ignoré. Entré dentro de la casa. No se escuchaba nada. ¿Me habría engañado Devon?
Entonces comprendí que todavía era muy temprano. Miré el reloj de la cocina: las 7.30. Claro.
Subí sin hacer ruido las escaleras y fui primero a la habitación de mis padres. Dormían. Suspiré aliviada, pero luego fui hacia la habitación de Tommy. También dormía. Entonces sonreí. Por fin estaba en casa, pero seguía sin recordar nada…
Pero me daba la impresión de que se me olvidaba algo…
Y caí en la cuenta.
¡Susan! ¡Me había olvidado de ella!
Cogí mi móvil mientras iba hacia mi habitación, y la llamé. Me cogió en diez segundos justos:
-¿Díííí… game?
-¿Susan?
-¡Elisa! Vaya, ¿dónde estás?
-En casa. ¿Y… y tú?
-¡También! Verás, Brad me acompañó hacia el lugar ese raro… Bueno, una puerta o algo así.
-Portal…
-Eso. ¡Y dijo que ya no tendría que protegerme más! Que había más personas…
-Qué raro. Eso es exactamente lo que le dijo Devon a Damen…
-Sí, bueno, y estoy en casa. Y tu gato conmigo.
¡Yin Yang! Menuda cabeza la mía…
-Es… verdad. Está bien, gracias Susan. Iré a recogerlo hoy por la tarde.
-Muy bien. Aquí te esperaré. ¡Hasta ahora!
Y colgó. Nos veríamos ahora en el instituto. Menos mal.
Y aquí volvió a empezar mi vida normal.

lunes, 16 de agosto de 2010

Capítulo 31 (E)

Me levanté temprano en la habitación de invitados. Susan dormía en la cama gemela a la mía. Intenté no despertarla. Me vestí y salí en cuclillas de la casa. Pero fuera, de pie con los brazos cruzados y cara de impaciencia y sueño, me esperaba Damen. Cerré la puerta despacio mientras le miraba.
-¿Qué haces aquí? ¿No decías que no querías volver a verme?
-He decidido acompañarte.
-¿Por?
-Bueno, siempre me ha gustado levantarme temprano y dar un paseo, ver como los pájaros cantan… y todas esas chorradas.
-Si tú lo dices…
Bajé los escalones y me dirigí hacia el edificio seguida de Damen.
Durante el camino me fijé que éste iba por la sombra.
-¿Tienes complejo de vampiro? –le pregunté.
-¿Hum?
-Es que… por qué vas…
-Ah. ¿Qué por qué camino por la sombra? Fácil. Porque los bombones nos derretimos al sol.
Me sonrió. Yo puse los ojos en blanco.
Al llegar, entramos en el vestíbulo, hablé con la chica para la cita que tenía a mi nombre con…
Qué raro. Ayer no me dijo su nombre.
Bueno, ella lo llamó sencillamente “jefe”. Subimos por el ascensor hasta la planta 87º, dónde el hombre nos esperaba. Antes de entrar, peté.
-¡Pasa! –dijo desde dentro.
Abrí la puerta, y el hombre me sonrió. Pero al pasar y ver a Damen detrás de mí, su sonrisa se borró de la cara y dio paso a la incredulidad.
-¿Damen? ¿Qué haces aquí?
-¿A ti qué te parece, Devon?
Al escuchar su nombre, un recuerdo vago me vino a la cabeza. Me sonaba. Me sonaba muchísimo. Como cuando escuchas el nombre de alguien famoso e intentas recordar su rostro, pero no eres capaz. Y eso da mucha rabia.
Devon debió de darse cuenta de mi reacción, ya que cuando Damen pronunció su nombre, apretó la mandíbula. Pero volvió a sonreír.
-Ya, entiendo. Bien…
-¿Y mi familia? –pregunté.
-Oh, eh, tu familia… Pues ya están en casa.
Parpadeé sorprendida, mirándolo anonadada.
-¿Cómo?
-Sí, es que decidí que a lo mejor… querrías despedirte de Damen antes de marcharte porque… -miró hacia él-. Damen, vas a dejar de protegerla.
Estaba segura que eso fue un duro golpe para él, porque se quedó paralizado al escuchar esas palabras. Y, para ser sinceros, a mí también me dolieron.
-Por qué –dijo Damen secamente.
-No es sólo por qué…
-¡Dime la maldita razón!
-Hay más personas que debes proteger.
-Y también hay más ángeles que ahora mismo pueden hacerlo.
-Y tú eres uno de ellos. Así que acompáñala al Portal, despedíos y luego vuelves.
-Pero mi familia entonces…
-Están a salvo en tu casa.
Suspiré aliviada, y Damen y yo nos volvimos hacia la puerta. Bajamos por el ascensor hasta la habitación del Portal. Recorrimos el pasillo, saludamos a la guardiana –Damen no se molestó ni en coquetear- y entramos. Cerró la puerta detrás de él. Le miré.
Estaba apoyado de espaldas a ella, mirando al suelo. Su pelo plateado le tapaba la cara.
Abrí la boca para decir algo, pero él hizo un ademán para que callara.
-¿Sabes por qué me enfado tanto contigo?
Negué con la cabeza, un poco sorprendida.
-No, ¿por qué?
-¿Sabes por qué una madre le riñe a su hijo cuando va a cruzar una carretera solo y casi lo atropella un camión, pero él sale ileso?
-Porque le quiere –susurré.
Se incorporó, y me miró con una sonrisa torcida.
-Y porque le importa –dejó de sonreír-. Eso es básicamente lo que me pasa contigo, Elisa. Eres una de las pocas personas con las que me enfado cuando hacen algo perjudicial para ellas. Porque me importas. Y no sólo porque sea mi obligación protegerte, sino por… Bueno, por ti.
Sonreí. Avanzó unos pasos hasta quedar a mi lado, en frente del Portal.
-Bien, como esta será… supongo, la última vez que nos veamos, que por cierto todavía no comprendo por qué Devon quiere eso, pues… -carraspeó, y apartó la mirada del Portal para mirarme a los ojos-, ha sido… un placer conocerte. Y… -bufó-, no puedo creer que vaya decir esto –respiró hondo, y suspiró-, te echaré de menos.
Unos débiles sollozos surgían dentro de mí, e intenté apaciguarlos, pero me fue imposible. Y lo que temía: empecé a llorar.
Damen abrió mucho los ojos y alzó las manos para que parara.
-Está bien, ¡está bien! ¿Qué hice mal? ¿Acaso dije algo…? Pero deja de llorar…
Me reí. Era divertidísimo ver cómo Damen intentaba que parara. Y entonces me di cuenta de que le iba a echar mucho, muchísimo de menos. Que quizá nunca conocería a alguien tan narcisista, egoísta, creído y divertido como él, que está ahí en los mejores y peores momentos.
Y por un impulso rodeé su cintura con mis brazos y le abracé, apoyando mi cabeza en su pecho. Y más lágrimas me resbalaron por las mejillas. Después del pequeño shock que sufrió por mi comportamiento, me abrazó por los hombros y me apretó contra él, con fuerza, como si temiera que me fuera en cualquier momento. Yo seguía llorando. Deseé que este momento durara para siempre, pero estaba claro que eso era imposible. Me separé de él y me enjuagué las lágrimas con una mano. Damen me dejó ir a regañadientes, pero mantuvo agarrada mi otra mano libre con la suya. No quería soltarme, pero tenía que ir a por mi familia, así que me solté de él.
Di un paso hacia el Portal, pero antes de entrar, me volví.
-¿Sabes? Quizá incluso… No me extrañaría que los demás sintiesen envidia de ti.
-Ay, Elisa. Si la envidia matase, todos estarían muertos sólo por mi existencia.
-Tan modesto como siempre -sonreí-. Y espero que... bueno, que puedas encontrar pronto a esa tal Kate que te vuelve loco. Me gustaría conocerla algún día.
Sonrió, y suspiró.
-Elisa, antes de nada, te diré que tus padres no recordarán absolutamente nada de esto.
Le sonreí.
-Damen, eres un gran amigo.
Me volví a acercar, le di un beso en la mejilla y entré dentro.

viernes, 13 de agosto de 2010

Capítulo 30 (E)

Antes de petar, vacilé. ¿Y si de verdad estaba enfadado? Quiero decir, que no quiere dirigirme la palabra, o que no quiera volver a verme…
Tragué saliva, y peté. Nada. Volví a petar. Ninguna respuesta. Me decidí a abrir la puerta con cuidado, sin hacer ruido, y cuando entré, la cerré. Luego me di la vuelta y me encontré con que Damen estaba… completamente dormido, con un libro abierto sobre el pecho, un brazo detrás de la cabeza y los tobillos cruzados. Su pelo plateado parecía brillar bañado con la luz de la luna y el reflejo del cristal de los edificios desde la ventana, creando sobre él un efecto mágico.
El corazón me empezó a latir desbocado, pero me mantuve firme. Me acerqué con cuidado a la cama, y me senté en el borde, a su lado.
-Damen… - hizo un pequeño gruñido-. Damen.
Le toqué una mejilla, y él, quizá por instinto, puso la mano libre encima de la mía, con suavidad. Me ruboricé, e intenté quitarla, pero mi cuerpo no reaccionaba.
-Kate… -murmuró con voz profunda.
Puse los ojos en blanco. Otra vez con Kate. Quité mi mano de su mejilla con fuerza, dejando caer la suya sobre la almohada, y se despertó de repente. Se incorporó, dejando caer el libro abierto a un lado de la cama, y con ojos entrecerrados, me miró:
-¿Kate…?
-Nooooooo… Siento decírtelo, pero soy Elisa. ¡Sorpresa!
Bufó y volvió a acostarse, frotándose la cara con las dos manos.
-Lárgate.
-No me voy a ir sin que hablemos.
Chasqueó la lengua, se sentó y se cruzó de brazos
-No hay nada de lo que hablar. Ya puedes irte.
-Damen…
-Eres estúpida y estás arrepentida. Hala, ya aclaramos todo. Venga, vete.
Suspiré, pero no me iba a dejar intimidar.
-¡Damen, escúchame! Lo siento, lo siento muchísimo, y sinceramente no sabía que te ibas a poner así por…
-¡¿Cómo no me iba a poner así, so burra?! ¡Es que tú no sabes nada de este mundo! A ti puede parecerte una maravilla, un sueño hecho realidad, pero para nosotros, los residentes, es una lucha constante como cualquier otro lugar. Y aquí también hay gente traicionera, aunque no lo creas.
-Está bien, entonces yo… perdóname.
-Perdonada. Ahora vete.
-No lo dices en serio. Sólo lo dices para que me vaya.
-Vaya, qué sagaz. Es increíble cómo funciona tu mente, ¿eh?
Apreté los labios.
-Oye, todos cometemos errores, y todos tenemos defectos. Tú tienes defectos, y siempre te los perdono.
-Eso es mentira. Porque mi único defecto es que soy perfecto.
-La perfección no existe, Damen.
-Quién se inventó esa frase no me conocía.
Suspiré.
-Damen, mañana voy a ir a por mi familia, y si por un casual me ocurriera algo, me gustaría que me perdonaras ahora.
Frunció el ceño, y miró hacia otro lado. Lancé un suspiro cansado y me levanté.
-Está bien, como quieras. Visto lo visto no me vas a ayudar con mi memoria, ¿eh?
-Que te ayude tu padre.
Puse los ojos en blanco y me dirigí hacia la puerta.
-Está bien, como quieras. Hasta… bueno, hasta cuando sea.
Y salí de allí, pero estaba completamente segura de que había visto preocupación en sus ojos cuando me levanté. Aunque claro, era Damen, y con él nunca se sabe.