¡¡Cazadores de Sombras: Ciudad de ángeles caídos!! *¬*

sábado, 11 de junio de 2011

Capítulo 90 (E)

Por la mañana, fui hacia el salón dónde Jack y su mujer, Amanda, esperaban sentados, junto con sus dos mellizos.
Jack nos contó que se habían conocido en Italia, y se habían casado hace dos años. Damen, por ayudar a su amigo, había hecho inmortal a Amanda dándole de beber su sangre, para que pasara toda la eternidad al lado de Jack. Desde entonces, el líder había mandado a otros Dominios a Italia y Jack se trasladó aquí. Y nos habían dado una gratificante noticia: Amanda estuvo embarazada hace un año. Damen estaba asustado porque no sabía cómo serían éstos: era la primera vez que un Dominio tenía hijos. Pero para la sorpresa de todos, los mellizos eran completamente humanos, normales y corrientes, pero con sangre de ángel en las venas. Tenían un niño, de pelo marrón chocolate como la madre y ojos verdes, y una niña rubita como Jack con los mismos ojos de su hermano y su padre.
Debía decir que últimamente yo no me encontraba bien, y sabía perfectamente por qué, también.
Cuando les llevé los cafés, con Yin Yang –ya bastante viejo- detrás de mí siguiéndome, y me iba a sentar, me entraron arcadas.
-Perdonadme –exclamé mientras iba al baño.
Cuando terminé de revolver, con cuidado me limpié bien y volví al salón.
Jack y Amanda me miraban preocupados. Los mellizos fueron hacia Yin Yang y jugaron con él. Me senté con un suspiro.
-Elisa… -susurró Jack.
-Si me vas a repetir que se lo diga a Damen, lo haré. Pero en otro momento.
Ambos se cruzaron de brazos y fruncieron el ceño. Volví a suspirar.
-¿No crees que se dará cuenta tarde o temprano? –Preguntó Amanda, y me puso una mano en el hombro-. Elisa, no podrás esconderlo siempre.
-Lo sé, Amanda, pero es que tengo miedo de… No sé cómo se lo tomará. No le gustan los niños. ¿Y si no quiere tenerlo? ¿Con que cara le digo que vamos a tener uno?
No dijeron nada. Yin Yang corrió por el salón intentando escapar de los dos monstruitos de un año que le seguían.
-Vamos… prométenos que se lo dirás. O lo haces tú, o lo hago yo.
-Jack, no me hagas esto.
-Tú eliges. ¿Cómo crees que se lo tomará mejor? ¿De ti o de mí?
Apreté los dientes, pero asentí.
-Vale, cuando vuelva, se lo digo.
-Muy bien.
Para mi malísima suerte, oímos el tintineo de unas llaves en la cerradura de la puerta. Ésta se abrió, dejando pasar a Damen y a Kira en su forma de demonio.
Al ver a los niños, Kira se transformó con cuidado, haciendo desaparecer sus alas y cola, pues nadie quería que los mellizos supieran sobre el mundo fantástico en el que estaban metidos.
Cerraron la puerta detrás de ellos.
-¡Hola! –saludaron Jack y Amanda.
Damen sonrió, y les saludó con la cabeza. Los mellizos, al verle, fueron a sus brazos.
-¡Tío Damen! –gritaron.
Éste les dio un breve abrazo y les revolvió el pelo con cariño, mirándome de reojo de vez en cuando. Luego jugaron con Kira. Miré a Jack; éste me indicaba disimuladamente que se lo dijera. Respiré hondo.
-¿Ocurre algo? –Preguntó Damen con el ceño fruncido-. ¿Por qué estáis todos tan callados?
-Damen… tengo que decirte algo –murmuré.
Se cruzó de brazos y respiró hondo. Me hizo una señal con la cabeza para que empezara, pero me paralicé. Alzó una ceja.
-Estoy esperando.
-Yo… hum…
Jack se levantó del sofá.
-Damen, tienes que saber que…
Corrí hacia él y le tapé la boca.
-Tienes que saber que… que… que te tienes… ¡Que te tienes que cortar el pelo! Damen, por favor, pareces un hippie…
Me miró interrogativo. En realidad tenía el pelo perfectamente cortado. Ejem.
Suspiró, y puso los ojos en blanco. Amanda se levantó.
-Bueno, Jack y yo tenemos que irnos ya… ¡Niños! –los mellizos corrieron hacia su madre. Se me hizo un nudo en el estómago-. Hasta mañana, chicos.
Jack me lanzó una última mirada, y los cuatro se fueron.

sábado, 4 de junio de 2011

Night of Angels: T3 Capítulo 89 (D)

Me escondí en las sombras. Corrí de un lado para otro, asustando a mi presa.
Notaba su miedo y ansiedad, y aunque parezca raro, me gustaba esa sensación. Que me temieran.
Después de todos los seres con los que hemos eliminado yo y mis ángeles, por fin han empezado a acojonarse de verdad. Y cada vez éramos más.
El demonio, que tenía forma de persona normal pero con el pelo teñido de rosa fucsia, corrió por el callejón, persiguiendo a una chica joven.
Cuando ya la tenía acorralada, se abalanzó sobre ella, y justo cuando iba a hacerle daño de verdad, le cogí el cuello del jersey y le estampé contra la pared.
-¿Qué…? –murmuró mirándome con los ojos dilatados del miedo.
Sonreí tétricamente.
-¿No sabes que no se le hace daño a las personas? Porque deberías –lo tiré al suelo de un golpe.
Me acerqué a él y le puse un pie sobre el pecho, impidiéndole incorporarse y respirar. Gimió de dolor.
-¡Basta, por favor! ¡Te juro que…!
De la nada, creé un puñal y se lo clavé en el corazón, sin dejarle explicarse. Ya me conocía demasiado sus trucos. Se desintegró en polvo. Me volví hacia la chica, que estaba encogida en la pared.
-No voy a hacerte daño, pero piénsatelo dos veces antes de ir por callejones oscuros de noche –dije.
-Tú… ¿cómo…? ¿Has… cómo hiciste lo del cuchillo? ¿Qué eres?
-Créeme, no te gustaría saberlo. Y ahora estate quietecita.
Me remangué las mangas de la camisa hasta los codos, le toqué la frente y absorbí sus recuerdos de estos últimos cinco minutos. Luego me largué de allí.
Mientras iba por la calle ausente de personas e iluminada por las farolas, decidí que sería mejor sacar a mi demonio de su sueño. Frené el paso, y cogí el colgante que colgaba de mi cuello.
-Kira, sal –susurré.
El colgante se tornó de un azul cielo y una especie de espíritu salió de él, hasta caer al suelo y convertirse en una niña de diez años con alas de murciélago y cola acabada en flecha.
Me miró con ojos soñolientos, y bostezó, estirándose todo lo que pudo.
-Damen –murmuró-. Ya era hora. Estaba muy aburrida…
Había pasado ya dos años desde que Kira había decidido ser nuestra demonio por voluntad propia, y siempre me ayudaba en las peleas.
-Lo siento, tuve que ocuparme de un asunto.
Empecé a andar otra vez, y Kira me siguió con los brazos cruzados detrás de la espalda, sonriendo ampliamente.
-No se te ve muy contento –dijo al cabo de unos segundos.
Guardé las manos en los bolsillos del pantalón y me encogí de hombros.
-Es por Elisa, ¿verdad?
Suspiré, y asentí.
-Damen, ya sabes que a lo mejor sólo está pasando por un período complicado para ella. Eso que tienen las humanas cada mes… -me reí, y Kira me miró con el ceño fruncido-. No entiendo cómo puede tenerlo si es tan inmortal como nosotros… -se cruzó de brazos, y suspiró.
-No es tan inmortal como nosotros, Kira. Ella sigue siendo una humana normal y corriente, sólo que no envejece.
-Ah.
La miré. Ella también estaba preocupada por Elisa.
Yo lo único que quería era volver a casa. El cansancio me estaba matando.

domingo, 29 de mayo de 2011

Capítulo 88 (E)

Después del viaje hasta casa, Damen se encontró con una gran sorpresa…
Todos los Dominios estaban tan felices en un bar extraño al que Damen frecuentaba ahora, como si no hubiera pasado nada… Incluso Penny no se lo creía.
Lo mejor de todo fue, que en medio de los ángeles, había uno en especial…
-¡¡¡¡Jack!!!! –gritó Damen sonriente.
Éste se volvió con una copa en la mano, y sonrió. La alzó a modo de saludo.
-Hey.
Damen se lanzó hacia él, despeinándole por completo el pelo con la mano. Jack se quejó.
-¡Ay! ¿Pero qué haces? ¡No sé qué os pasa a todos últimamente, pero vamos, que no es normal!
Damen ignoró su comentario, y sonrió ampliamente. Yo también corrí hacia él, abrazándole.
-¡Jack! –sollocé.
Jack también me abrazó, pero extrañado.
-No sé qué porras os pasa, pero bueno, supongo que…
Damen y yo nos miramos confusos, pero entonces entendimos.
Al acabar con Keiran en el pasado, nada de lo que hizo él en el futuro llegó a ocurrir.
Después de todo esto, ya que nadie recordaba nada, excepto nosotros y Penny, nos fuimos a casa, increíblemente contentos.
Por la noche, Kira, con Yin Yang en brazos, nos pidió expresamente hablar con nosotros.
Sentados en el sofá, Kira se nos acercó con los brazos cruzados detrás de la espalda, con una enorme sonrisa en la cara.
-¿Qué pasa, Kira? –preguntó Damen.
-Hum. ¡Tengo una sorpresa!
-¿Y cuál es? –pregunté con dulzura. Yin Yang maulló, y le acaricié la cabeza. Se ve que Penny se había encargado de él mientras estábamos fuera.
Sacó las manos de detrás de la espalda con los puños cerrados. Los alzó delante de nosotros, y con las muñecas hacia arriba, los abrió. En cada uno, había un collar con un colgante en forma de esfera brillante. Nos tendió uno a cada uno. Los cogimos y los miramos.
-¿Y esto?
-Quiero que ambos seáis mis amos. Así podré ayudaros cuando deseéis, y yo os ayudaré encantada. Anulé mi lazo con mi antiguo amo, que me trataba muy mal, y quiero que vosotros os quedéis conmigo.
Damen y yo nos miramos un poco preocupados, pero parecía que para ella era algo fantástico. Asentí.
-No hay problema, Kira. Seremos tus… esto…
-Amos –completó ella por mí, con una sonrisa-. Si os los colocáis, empezaréis a serlo. Podréis convocarme llamándome por mi nombre, y yo simplemente saldré de los collares y os ayudaré. Así que ya no me hace falta dormir en el cuarto; dormiré en los colgantes.
Ambos nos colocamos los colgantes, y Kira bostezó.
-Hum… puedes… irte a dormir cuando quieras, Kira –dijo Damen.
-Gracias, Damen –dijo, cerró los ojos, y empezó a desvanecerse, convirtiéndose en una especie de espíritu que entró en el colgante de éste. Le miré.
-Vaya, ¿ves? Te dije que no te arrepentirías de tenerla con nosotros.
Puso los ojos en blanco, pero sonrió también.
-Lo que tú digas, mi vida.

martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 87 (D)

Después de salir del castillo, fuimos otra vez al centro de ese pequeño y extraño pueblo, dónde todos los pasajeros y los residentes hacían fiestas, bailaban y todas esas cosas, así que nos habíamos ido a un pequeño restaurante y tomamos algo allí, pero en la terraza, para ver a la gente. Kira sonreía cada vez que las luces de las pequeñas farolas parpadeaban, y Elisa también reía con ella.
Cuando pasamos muchísimo rato allí, una chica vestida con vaqueros oscuros, una chaqueta y unas enormes gafas de sol (no tan chulas como las mías, ojo) caminó hacia nosotros mientras sacaba fotos al lugar. Reconocí quién era por su pelo rojizo. Me levanté de mi silla.
Alex paró a nuestro lado, y sonrió con la cámara todavía en las manos.
-Alex –dije.
-¡Hey! Aquí estoy.
-¿Y… qué haces con…? –señalé con la mirada la cámara.
-¿Tú qué crees? ¡Sacar fotos a todo esto! Quiero que Jack se muera de envidia… -miró hacia Elisa, que se había levantado y colocado a mi lado, y luego a Kira-. Hum, veo que os habéis encontrado –me miró-. Menos mal, ya me veía contigo recorrer todo el lugar para encontrarlas.
Me reí, y Elisa y Kira sonrieron.
-Bueno, ¿vamos?
-¿Y qué va a pasar con todas estas personas? –preguntó Elisa, preocupada.
Alex se encogió de hombros mientras se guardaba la cámara en el bolsillo.
-No te preocupes. Volverán al tren y creerán que todo esto es un sueño.
-Hum.
Sonreí. Alex se acercó a la pared del restaurante y creó un Portal del tiempo, tan diferente de los míos. Al terminar, nos indicó con la cabeza que nos metiéramos.
-Venga.
Pasaron primero ellas, luego yo y por último Alex, cerrándolo.
Caímos en el internado de ésta, en los jardines delanteros, dónde nos esperaban Jack, Leo y otros hombres vestidos de negro que no reconocía.
Alex fue directamente a los brazos de Jack, enseñándole la cámara con una sonrisa burlona.
-Mira lo que tengo y tú no –dijo medio cantando con voz de niña.
Jack le sonrió con ternura y le dio un beso en los labios.
Desvié la mirada, y me encontré con la de Elisa. Se ruborizó violentamente, y yo sonreí con sorna. Me acerqué a ella y también la besé, un beso un poco más largo que el de Alex y Jack.
Al separarnos, les miré.
-Hey, aquí todos podemos jugar –dije.
Me miraron con las cejas alzadas, y se rieron. Abracé a Elisa.
-Bueno, entonces ya está todo, ¿no? –Dijo Jack, y miró a Alex-. ¿Hace falta que te vayas más?
-No, tranqui. Aquí me quedo.
-Bien, pues será mejor que volvamos a casa –dije, pero reparé en una cosa-. ¿Y Penny?
-La volvimos a llevar a casa…
-Bien. Yo creo que ya tuvimos suficiente por un tiempo…
Elisa cogió la mano de Kira y los tres subimos a mi coche. Cuando cerré la puerta, bajé la ventanilla tintada para ver la cara de esos dos.
-Hum… Damen, creo que… -empezó Alex, miró a Jack, y éste, al sonreír, negó con la cabeza. Ella sonrió y se encogió de hombros-. Bueno, ya verás. ¡Hasta que nos veamos! Que si no me equivoco será dentro de poco…
-Sí –contesté, y sonreí-. Hasta pronto.
-Chao.
Subí la ventanilla y arranqué el coche. Elisa me miró.
-¿Cómo que os volveréis a ver? –preguntó con curiosidad. Yo sonreí.
-Te lo diré cuando llegue el momento, lo juro.
Puso los ojos en blanco, y miró por la ventana. Pero yo me puse a pensar en lo que Alex me iba a decir pero no dijo…

sábado, 14 de mayo de 2011

Capítulo 86 (D)

-Damen –Susurró Elisa-. ¡Damen!
Soltó la espada, que cayó al suelo en un golpe sordo, y empezó a temblar violentamente.
Me asusté. Pensé que le había pasado algo bastante grave.
-Elisa, ¿estás… estás bien?
-Estuve… estuve a punto de… de matarte… -balbuceó.
La cogí de un brazo y la atraje hacia mí, presionándola contra mi pecho con fuerza. Temía que se desvaneciera… o algo. Ella empezó a llorar.
-Ssshh… Va, venga, tranquila, ya está –la consolé.
-¡Casi te mato! –dijo desesperada y con voz temblorosa.
-Ya pasó, amor –murmuré.
Kira consiguió soltarse del hombre que la tenía agarrada y corrió hacia nosotros.
-¡Damen, Elisa!
La miramos, y la abrazamos también, colocándola entre nosotros.
Entonces recordé a Kerian.
-Cógela –le susurré a Elisa, refiriéndome a Kira.
Ella asintió y la cogió en brazos, mientras yo me separaba de ellas. Cogí la espada del suelo y me acerqué a esa asquerosa rata.
Él retrocedió hasta chocar contra la pared, sin quitar el ojo de la espada.
-Hum… Damen, podemos hablar, ya sabes –al ver que yo no reaccionaba, empezó a gritar-. ¡Chicos, cogedle!
Pero ninguno se movió. Estaban paralizados por mí.
-No pueden moverse, Keiran. Y ahora vas a saber lo que es la venganza fría de verdad –le agarré del cuello-. Hum, y tranquilo, le diré a tu hermana que le mandas recuerdos.
Él tragó saliva.
-Da igual. Devon acabará contigo tarde o temprano.
Alcé una ceja ante la mención de Devon, pero le atravesé la hoja por el corazón.
Me aparté casi enseguida de él, y cayó al suelo, ya muerto.
Era demasiado débil. No podía haber hecho todo lo que hizo él solo.
Y sabía perfectamente quién le había ayudado.
-Damen…
Me volví al escuchar la voz de Elisa.
Estaba tapando los ojos de Kira con una mano, para que no viera la escena. Mejor.
Me acerqué a ellas, y le di un beso a Elisa. Al momento hice que le aparecieran unas bailarinas blancas en los pies.
-Vamos, salgamos de aquí.
Según mis cálculos, nos quedaba medio día para que Alex volviera a por nosotros.

viernes, 15 de abril de 2011

Capítulo 85 (E)

El chico de pelo extraño sonrió. Y eso le daba un aspecto aterrador…
-No voy a arrodillarme. Tengo demasiado orgullo para eso –dijo.
La niña que estaba a su lado no me quitaba el ojo de encima. Mirándome nostálgica. La cosa es que cada vez que los veía, me daban punzones en la cabeza.
-Muy bien –dijo Keiran-. Tú te lo has buscado. -Me miró-. Elisa, hazme el favor de ir a tu cuarto. Yo voy ahora –dijo las últimas palabras mirando de reojo al chico guapo, y éste se puso tenso. Dejó de sonreír.
El mayordomo se acercó a mí, me cogió delicadamente del codo y me condujo hacia la puerta, y yo seguí mirando al chico, intentando recordar dónde lo había visto… Y él me devolvía la mirada, llena de temor.
-¡Espera!
Interrumpió. Todos le miramos. Adelantó un paso, cerró los ojos, apretó los puños con fuerza y, con un suspiro cansado, se dejó caer de rodillas al suelo.
-¿Contento? –masculló entre dientes.
-Hum, todavía falta hacer una cosa.
Se volvió, cogió una especie de espada de fina hoja y me la tendió.
-Mátale.
-¡¿Qué?!
Me solté de las manos del mayordomo, y retrocedí unos pasos, pero éste no me dejó.
-¡Keiran, no puedo hacer eso! ¡Soy incapaz de matar a nadie! –dije asustada.
-¿Confías en mí, Elisa? Por favor, sabes que yo no haría nada que te perjudicara. Vamos.
Miré la espada un largo rato, y luego a sus oscuros ojos, tan diferentes a los del chico arrodillado.
-Sabes que si muero, Keiran, la raza de los Dominios se extinguirá, y con ellos, tu amada.
Keiran abrió mucho los ojos y le miró furioso.
-Tú lo sabías –dijo-. Sabías quién era yo.
-Después de analizarte mejor, estaba claro. Pero recuerda que fue elección suya, no mía.
Keiran apretó los labios con fuerza, y me hizo una señal con la cabeza.
Al final asentí y cogí la espada.
-¡No!
La niña pequeña fue hacia su… ¿padre? ¿Hermano? Bueno, hacia el chico para protegerle, pero otro mayordomo la cogió por la cintura, agarrándola con fuerza. Ella se revolvió en sus brazos, pataleando, pero no pudo hacer nada.
-¡Damen, no! ¡No, no, no! ¡Elisa, no lo hagas! –lloriqueó-. ¡Damen, puedes defenderte perfectamente! ¡¿Por qué no te defiendes?!
No le hice caso. Me coloqué delante del arrodillado, y él me miró desde abajo.
Lo que más me sorprendió no fue que no dijera nada, sino que parecía… orgulloso. Como si no le importara que estuviera a punto de arrebatarle su vida.
Levanté la espada, con la punta del filo hacia abajo, cerré los ojos, e iba a descargarla sobre él si no fuera porque sus palabras me frenaron.
-Morir a manos de tu amor verdadero. Hum, yo creo que es el sueño de todo amante –susurró para sí con la cabeza gacha, mirando al suelo.
Abrí los ojos despacio, sorprendida. Bajé la mirada hacia su cara. Su pelo plateado caía a ambos lados de ésta, impidiéndome ver sus ojos.
-¿Qué… qué has dicho? –balbuceé-. ¿Tu amor? ¿Crees que yo… soy tu…?
Dejé la frase flotando entre nosotros. Atisbé una sonrisa arrogante en su rostro…
Levantó la cabeza, para luego volver a bajarla.
-Sí. Pero no lo creo; lo sé. No sabes lo que está pasando, Elisabeth. Lo sé todo sobre ti, aunque creas que no.
-Tú no me conoces, no sabes nada acerca de mí –mascullé.
Se rió débilmente.
-Si tú supieras… Sé que te encanta que te llamen por Elisa, porque tu nombre completo te parece demasiado largo. Odias a los hombres idiotas, egoístas y egocéntricos, pero sin embargo, en el fondo, amas a uno más que a tu vida, y ni siquiera lo sabes en estos momentos. Te encanta comer cereales con leche fría por las tardes, y dormir hasta las doce de la mañana. Que te abracen cuando estás triste, incluso que te besen, pero también te gusta estar sola de vez en cuando. Quieres mucho a tu gato, pero siempre le riñes cuando le hace daño a algún ratón o un pájaro. Adoras tu ordenador, y sobre todo hacerme enfadar por cosas insignificantes, pero siempre consigues tranquilizarme con sólo sonreírme. –Hizo una pausa, y susurró-: Que te rodee la cintura con un brazo cuando estás casi dormida, y despertarte con la luz del sol. O que te calle con un beso.
-¿Cómo… cómo sabes todas esas cosas…? Que, por cierto, no creo que…
No sabía qué decir. Me quedé sorprendida por sus palabras. El chico se fue levantando poco a poco a medida que hablaba.
-Tú me enseñaste tantas cosas… La felicidad se puede encontrar en cosas que apenas carecen de importancia. Las cosas hermosas que están siempre ahí y nosotros no nos damos cuenta. Me enseñaste que uno mismo no lo es todo, y otra forma de amar. Que no hacer nada a tu lado lo es todo para mí. Que el sonido de tu voz y la forma con que pronuncias mi nombre entre suspiro y suspiro es suficiente para ponerme la piel de gallina. Que la pronunciación de tu nombre es suficiente para hacerme caer de rodillas. Me has hecho soñar. Y me has hecho más feliz de lo que he sido nunca.
Ya se había levantado, completamente de pie, y ahora era él el que me miraba desde arriba. No sabía qué hacer, qué responder, nada… Me había hipnotizado por completo.
-Por favor, Elisa, no te olvides de mí, porque no podría soportarlo otra vez. Esto es diferente. La primera vez que me olvidaste, yo tampoco te recordaba a ti, y no era consciente de quién eras. Ahora sí. Y me está matando.
¿La primera vez? ¿Es que ya me había pasado antes?
La cabeza me empezó a latir con fuerza. Hasta que varias imágenes se arremolinaron, y pude comprender todo lo que me decía.

domingo, 27 de marzo de 2011

Capítulo 84 (K)---(D)

Al llegar al comedor, nos paramos. Era enorme, con una gran mesa larga que ocupaba el centro de éste, y muchas sillas a los lados. Y en la cabeza de la mesa, se encontraba un chico joven y rubio. Alzó la mirada, y miró a Damen. Sonrió con una sonrisa torcida.
-Bueno, bueno, bueno. ¿A quién tenemos aquí? Mi querido amigo Damen.
-Tú eres Keiran.
-Sí, en efecto.
-Y sabes que pagarás por lo que le hiciste a mi amigo, ¿verdad?
El chico soltó una carcajada.
-Claro. Pero vamos, sentaos. Aunque la venganza se sirve mejor fría, también es bueno que se haga con el estómago lleno, ¿no crees?
Damen apretó la mandíbula, y ambos nos sentamos en nuestras respectivas sillas.
-Hum, qué raro. ¿Dónde está el hombre gallito del que tanto he oído hablar? –dijo Keiran.
-Dónde está Elisa.
-¡Pero bueno! ¿Por qué crees que está aquí?
-Me tomas el pelo. Hay que ser completamente retrasado mental para no darse cuenta de lo que está pasando.
-Hum. ¿Y no es mejor que primero cenes y luego la veas?
-¡No quiero comer nada! –Damen golpeó la mesa con el puño y se levantó de su asiento, tirando la silla hacia atrás-. ¡Dónde está!
Keiran cerró los ojos y alzó su copa. Bebió un sorbo y la volvió a dejar en la mesa. Sonrió otra vez. Eso me ponía el vello de punta.
-¿Quieres verla? ¿Estás seguro?
-¡Sí, claro que lo estoy!
-Muy bien.
Keiran le hizo un gesto de asentimiento al hombre pálido, y éste salió de la sala.
Después de unos pocos segundos, Elisa apareció por la puerta. Llevaba puesto un vestido blanco de asas que le llegaba hasta las rodillas, con el pelo negro ondulado, y los brazos detrás de la espalda. Iba descalza, como si estuviera en su propia casa. Con ese aspecto parecía una niña pequeña…

(D)Cuando la vi aparecer por la puerta, el corazón se me disparó. Pensé que se me iba a salir del pecho. Estaba guapísima, pero lo que no entendía era por qué Keiran la había vestido y peinado así. Me miraba con esos ojos oscuros llenos de inocencia, como los de una niña.
Luego miró a Keiran, y fue hacia él hasta ponerse a su lado, todavía con las manos detrás de la espalda. Keiran se levantó de su silla.
-Keiran, ¿querías verme? –dijo ella.
-Sí, querida. Quería que conocieras a este chico.
-¡Elisa! –dije sin poderlo evitar-. ¡Elisa, amor, estás bien!
Elisa me miró confusa, y frunció el ceño. Un ligero rubor se expandió por sus mejillas. Estaba… estaba tan hermosa…
-¿Por qué me llama “amor”? ¿Quién es?
Tragué saliva del miedo y el terror que sentía en esos momentos. Una enorme sensación de desasosiego me inundó la espalda, el estómago, las rodillas… Notaba que estaba al borde de las lágrimas.
No, no, no. Por favor, no. Otra vez no. ¡Otra vez no!
-¡¿No me recuerdas?! ¡Elisa, ¿no me recuerdas?! –pregunté con desesperación en la voz. No lo podía evitar.
Que te lo hicieran una vez podía ser soportable, pero dos veces… Era demasiado.
Me acerqué a ella y la agarré por los hombros.
-¡Elisa, soy yo, Damen! ¡Tu Damen! ¡Elisa, por favor!
Me entraron unas ganas irreparables de echarme llorar allí mismo, pero no. No me haría el débil delante de ese malnacido.
Elisa se sacudió mis manos de encima y retrocedió hasta colocarse detrás de Keiran.
Unos celos furiosos aparecieron en mi interior.
-¡No sé quién eres! ¡Déjame! –lloriqueó-. ¡Keiran! ¿Quién es? ¿Por qué me grita?
-Tranquila, cielo. Está bien –le contestó.
Kira se levantó de su silla, y se colocó a mi lado.
-Keiran, no puedes hacerme esto. Primero me quitas a mi mejor amigo, y luego al amor de mi vida. ¡¿Qué te hice yo para que me hagas todo esto?! -Pregunté desesperado.
-¿Qué qué me hiciste? ¡¿Qué qué me hiciste?! ¡Acabar con todo lo que yo quería, eso hiciste!
Así que ya sabes, ojo por ojo. Tú me quitaste a mi amor, yo te quito el tuyo.
-Déjala.
-¿Y qué vas a hacer si no lo hago?... Hum. Espera –miró a Elisa, y luego a mí con una sonrisa diabólica-. Le devolveré sus recuerdos y no la mataré… si te arrodillas.
-Si me arrodillo –repetí anonadado.
Solté una carcajada, y me crucé de brazos, sonriendo con burla.
Lo que me faltaba en esos momentos.